sábado, 22 de noviembre de 2014
El humanismo como medida de las religiones
No cabe duda de que las religiones son un producto humano, (Mi profesor de metafísica no lo consideraba algo esencial al ser humano, sino producto del ex´sistir, un existencial) aunque con un referente a la Trascendencia, denomínese ésta como se quiera, porque ante el hecho metafísico, todos los seres humanos y todas las religiones tienen el mismo tropiezo, escalón o conflicto. Dios –tome el nombre que tome, según culturas, religiones o civilizaciones- es Inasible, Inmanipulable, Absoluto, Infinito y en todo caso fuera del alcance de la mente humana. Los teólogos afirmaron entre ellos Santo Tomás de Aquino, que solamente cabe hacer teología negativa, es decir solo podemos afirmar lo que Dios no es.
Hablar de un “concepto de Dios” ya es una verdadera contradicción porque indicaría que ha quedado encerrado en una definición. Y si aceptamos que podemos “de-finir” a Dios es que le hemos puesto límites y fronteras. Y si nos empeñamos en ello lo único que garantizamos de esta manera es que Dios es un con-cepto, es decir ha sido concebido por la mente humana.
Esto constituiría lo que en cierta ocasión dijo Feuerbach. El hombre ha creado a sus dioses a su imagen y semejanza.
Habría que recordar con frecuencia aquel mensaje que san Agustín recibe del niño que jugaba en la playa queriendo agotar el agua del mar echándola con una concha sobre un pequeño agujero… “Si piensas que es imposible que el agua del mar quepa en este agujero, ¿cómo pretendes encerrar el misterio de Dios en la pequeñez de tu cabeza?
Un principio universal de la mayoría de las religiones y los movimientos místicos y proféticos se resume en aquello en que incide también Jesús en el Evangelio. Ama al prójimo como a ti mismo. No hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti. O el mandato que dio Jesús en la Cena: Amaos unos a otros como yo os he amado, en esto conocerán que sois mis discípulos. O lo que dijera Agustín de Hipona: Ama y haz lo que quieras.
La simpleza de los primeros mandatos de las religiones se enfrenta a la complicada tramoya en que se han convertido los preceptos múltiples con que las religiones nos asedian. Naturalmente todo ese montaje de realidades colaterales se “justifica” de muy diversas maneras para darles los visos de autenticidad y validez universal.
“Para haber un solo Dios, -escribió en cierta ocasión A. Gala- hay demasiadas maneras de adorarlo, y lo primero que habría que preguntarse es si Dios en realidad quiere “ser adorado”.
No basta con saber –que me parece fundamental- que en la fe cristiana Dios se ha hecho Hombre, Dios se ha humanizado, Dios ha revelado su Humanidad, o su filantropía de la que habla expresamente San Pablo, quien añade además que Dios asumió una “kenosis”, es decir un vaciamiento de sí mismo para tomar la condición humana, haciéndose uno de tantos.
Después todo se ha divinizado, todo se ha sacralizado. Luego no hemos querido ver a Dios hecho un esclavo, sino que le hemos elevado de nuevo a la categoría de la que Él se despojó.
Fue esta ausencia de Dios inmaterializado la que despertó la tentación de los hebreos en el desierto hasta considerar una necesidad realizar una representación de la divinidad mediante un “becerro de oro”. Esta tentación es permanente en los humanos: si dios es inasible, hagamos algo a lo que podamos agarrarnos, si Dios es invisible, hagamos una imagen, un icono a través del cual lo podamos imaginar.
Posiblemente una de las más profundas revelaciones del Génesis es que dios modeló al ser humano a su imagen y semejanza, es decir les infundió un soplo de su ser espíritu. Y al otro extremo de los libros reveladores –como me gusta llamarlos- está el Nuevo Testamente en que Dios mismo se revela en forma humana, como la plenitud del Hombre, como el ser en el que habita la plenitud de la divinidad.
El Logos (el principio creador) se hizo debilidad (kai logos sark egeneto) y en le ángelus cada día concluimos con esta hermosa verdad: “y habitó entre nosotros”.
Si a una religión no la caracteriza su humanismo, el respeto a la vida humana, la consideración de todo otro como un hermano… ¿Vale para algo o sirve de fundamento para una forma de vida?
jueves, 1 de mayo de 2014
Después de Semana Santa ¿Qué queda de la Semana Santa?
El eco de saetas estremecedoras, el diluido perfume del incienso mezclado con el azahar de nuestros naranjos callejeros, la cera pegada a los pavimentos de las calles del itinerario procesional, una lágrima y un estremecimiento del corazón en la contemplación de las imágenes que nos recuerdan una historia con final feliz y salvador…Una noche de luz en la Vigilia Pascual con el fuego que quema lo inútil, pero que nos regala todavía el calor y la luz
Pero no es eso únicamente lo que importa que quede. Yo me preguntaba el otro día, contemplando en la televisión los numerosos pasos procesionales, ¿Adónde va el Nazareno, con cruz de plata y manto recamado, con corona de espinas plateada, con las potencias brillantes sobre su cabeza sangrante?
¿Adónde va la sencilla mujer de Galilea, María, su Madre, cargada de oro, con largo manto de lujo y fiesta, con corona de oro o de plata…? Yo sólo recuerdo sus palabras: “porque has mirado la pequeñez de tu esclava…”.
La semana comenzó con aquella entrada a Jerusalén en olor de multitud, con el reconocimiento del pueblo sencillo de su condición de enviado, de profeta, de Mesías, ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
En el acontecimiento de aclamación de Jesús solo había unas voces disonantes. Unos fariseos que pidieron a Jesús que acallara a la gente.
Después de ponerlos en evidencia reprochándoles su ceguera y profetizando un futuro aciago, continuó hacia el templo donde realizó otro gesto profético y blasfemo, a los ojos de los que cuidaban y mantenían el templo. Echó fuera a los mercaderes y a los que cambiaban las monedas, denunciando el mercantilismo que se llevaba a cabo en lo que debía ser casa de oración y no “cueva de ladrones”.
Jesús empezó así a ganarse a los sencillos, de manera que señala el mismo evangelista: “el pueblo en masa madrugaba para acudir al templo a escucharlo. (Lc. 22,38), pero, según Lucas, “los sacerdotes y los letrados intentaban quitarlo de en medio y lo mismo los notables del pueblo, pero no encontraban medio de hacer nada porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios”” (Lc.19,47-48),
Hasta el punto que los capítulos 20 y el 21 de Lucas, ponen de manifiesto el enfrentamiento entre los dirigentes religiosos que plantean la muerte de Jesús, pero se cuidan de evitar el levantamiento popular. Así que la muerte de Jesús fue planeada y llevada a cabo por aquellos que no podían aceptar que se pusieran en tela de juicio sus “principios” que chocaban tan de lleno con las palabras del profeta Jesús.
José Ignacio González Faus interpreta estos momentos cumbres de la vida de Jesús como “Memoria subversiva”, porque, inevitablemente los planteamientos de Jesús, desde que arrancara su predicación en el sermón del monte: “dichosos los pobres, dichosos los que lloran, los pacíficos, los perseguidos a causa de defender la justicia…” .”Habéis oído que se dijo… pero yo os digo…” rompían a las claras una visión religiosa lejana al nuevo proyecto de Dios en Jesús. Y fue la coherencia con su predicación y su anuncio de la buena noticia lo que le acarreó las últimas consecuencias que sucedieron esos días.
Jesús constituye pues una ruptura no con el Dios de Israel, sino con la religión que rodeaba a la Alianza sellada por Dios con el pueblo, cargada en exceso de legalismo (“echáis en los hombros de la gente cargas que ni vosotros sois capaces de llevar…”) y ritualismo, hasta el punto que ya muchos de los profetas, Amós, Oseas, Jeremías, Exequiel, Isaías, levantaron la voz denunciando que antes que los sacrificios y los holocaustos está la misericordia (misericordia quiero y no sacrificios) y la atención a extranjeros, huérfanos y viudas, (es decir los que carecen de apoyo y viven en la pobreza).
Jesús prevé las consecuencias de su postura frente a fariseos, escribas, letrados y sacerdotes. La cena que prepara con sus seguidores más cercanos sirve de marco para firmar su testamento. Se da a sí mismo como herencia, se arrodilla como un sirviente ante los discípulos, les entrega como una nueva tabla este único mandamiento nuevo: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado, en esto conocerán que sois mis discípulos…”. Les reparte el pan convertido en su cuerpo entregado sin regatear, comparte con ellos el vino constituido ya en la sangre que va a derramar para firmar con ella la entrega total de la vida, estableciéndola como sello del una alianza, un testamento nuevo. El valor de este gesto es el “verdadero memorial” en el que el seguidor de Jesús ha de reflejarse “entregando sincera y generosamente, con desprendimiento absoluto su propia vida”. Lo que hace a Jesús sacerdote es ser él mismo quien ofrece su ser por la salvación de los seres humanos; lo que constituye al cristiano sacerdote, desde su compromiso bautismal (así debería ser) es que su vida va a ser una continua entrega, siguiendo los pasos de aquel en cuyo nombre ha sido incorporado a la comunidad.
El viernes santo realiza (es decir lo hace real) la donación del cuerpo y el derramar la sangre prefigurada en la celebración de la cena de la víspera.
Un sepulcro sellado es el paso de los seguidores por la inseguridad, por la incertidumbre, por el fracaso incluso. (Jesucristo, Jesucristo, ¿de qué ha servido tu sacrificio?, cantaba aquella ópera de Jesucristo SuperStar).
Pero ya había adelantado Jesús en sus palabras: “si el grano de trigo no cae en tierra y muere no da fruto, pero si se pudre bajo tierra dará fruto, renacerá la espiga”.
La experiencia de las mujeres y de los discípulos a partir del domingo de resurrección es que el mismo Jesús, levantado a la categoría de Señor está ahora entre nosotros, en los caminos de Emaús, que son todos los caminos que nos alejan de la esperanza o que nos empujara al sentimiento de fracaso y al sinsentido, y está cuando se reúnen dos o tres en su nombre, o cuando se celebra el ágape de la eucaristía, donde el propio Jesús se convierte en la energía que nos da aquel pan de vida del que nos habla el evangelio de Juan.
El mundo necesita de creyentes que reproduzcan en sus vidas el camino de Jesús, todo su camino hasta ese momento culminante de dolor primero y de luz después que no es más que consecuencia de la coherencia en el seguimiento. La pasión es el resultado de un compromiso con la vida y con los demás, no una elección narcisista de autocomplacencia, ni un “castigo divino” para redimir al hombre. Sacrificar es ofrecer vida a alguien, mediante la pérdida de una parte de la vida. Cuando sacrificamos un animal es para ponerlo en la mesa como alimento compartido. Jesús entrega su vida toda para dar vida. La víctima de su sacrificio no es otra distinta de Él mismo. Por eso es sacerdote y ofrenda, según la carta a los Hebreos. El sacerdocio cristiano está menos en el culto y en el rito, que en la entrega y el servicio.
La ética cristiana no es la ética de la satisfacción de lo perfecto, arranca más bien del reconocimiento de la pobreza y de los propios límites y consiste, perseverando en el seguimiento, en hacer propias las palabras de aquel publicano que subió al templo a orar. “Señor no soy más que un pobre desgraciado”.
Para concluir esta columna algo larga en abril , cito a Roberto Esteban Duque en La pasión de Cristo o la rehabilitación del cristianismo La entrega de Jesús nos hace “libres ya de cualquier pretensión para salvarnos por nosotros mismos. La relación del hombre con Cristo no es una relación determinada por el tiempo sino la relación con alguien que, perteneciendo a la eternidad, es inmediato a cada hombre. Mientras que exista el homo viator, su obra está por concluir, su pasión sigue viva. Mientras dure la historia no se ha consumado su misión y tenemos que revivirla para identificarnos con sus frutos: la paz y le perdón.
El mundo está lleno de crucificados, que siguen ofreciendo sus vidas para dar vida, porque creen en la Vida. Eso es lo que debería, quizá, quedarnos como reminiscencia de la Semana Santa.
Es es un país de bomba de mecha
“Pero en un país como este en cualquier momento se enciende la mecha, es un país de bomba de mecha… Me da igual que los amos sean del PP, del PSOE, de IU o de Convergencia, me da la impresión de que hay una irresponsabilidad gigantesca. Y no veo cómo se puede resolver”
Estas palabras del periodista Félix de Azúa, en una entrevista realizada por Juan Cruz (EPS 5-1-2014) dan idea de hasta qué punto se va consumiendo poco a poco una mecha que al parecer es bien larga, porque, a pesar de la rapidez con que suele arder la pólvora todavía no ha alcanzado el fuego de la mecha al explosivo.
Todo el mundo se teme un estallido social; todo el mundo piensa que esto está a punto de reventar. Y no faltan razones para pensar en ello. El número de parados se rebaja de forma ridícula respecto del grueso de los seis millones de personas sin empleo. La desaparición de autónomos y pequeños empresarios constituye un goteo continuo que poco a poco deshace el empeño y la iniciativa de personas que tuvieron el valor de emprender la aventura de la innovación y se propusieron a sí mismos no vivir a cargo del porsupuesto sino aportar algo positivo a la tesorería y a la agencia tributaria. Pero ahora el mismo sistema que los impulsó a ese sacrificio y a esa aventura, constituye su ruina. La tesorería y la Agencia tributaria se han convertido en sus verdugos más temibles, exigiéndoles, como los viejos señores feudales, que paguen hasta el último céntimo aunque la crisis les haya arrastrado a la peor de las ruinas. Y los bancos no han hecho menos en el caso de desahuciar y embargar bienes, dejando en la mayor de las miserias a quienes contribuyeron un día a que este país progresara y creciera y a que los propios bancos tuvieran la oportunidad de pagar escandalosamente a sus gestores y consejeros con nuestro dinero hasta lograr llevar a los bancos a la ruina, que luego hemos remediado con recursos que salieron y seguirán saliendo de nuestros bolsillos
Pero hay más razones. Aquellos que con nuestro voto ascendieron a unos puestos de gestión y responsabilidad no sólo nos han desengañado, sino que nos han robado, han defraudado a la Hacienda pública, se han llevado dinero a los paraísos fiscales, mientras los que hoy dirigen el país no tienen otro sitio de donde sacar dinero para la deuda que metiendo la mano en los bolsillos de los que andan apurados para llegar a fin de mes. Todos los que nos han gobernado en los últimos años nos han desgobernado obedeciendo las directrices de los poderes financieros y de las grandes corporaciones internacionales. Y además haciendo una política económica en busca de la competitividad que ha destruido todos los logros que nos hicieron sentirnos dignificados como personas y como ciudadanos. La pobreza ha cubierto ya más de la cuarta parte de la población y los ricos y los bancos arruinados están alcanzando poco a poco las mayores cimas de riqueza que hubieran soñado, gracias al expolio llevado a cabo sobre la clase trabajadora, Pero para que todo esto no reviente del todo, se alarga una y otra vez la mecha de la bomba con limosnas, caridad y una interesada solidaridad que detiene sólo temporalmente el avance de un levantamiento, de una explosión, esperemos que no violenta, para la que no somos capaces de unirnos, para lograr que sea el trabajo el que nos devuelva la dignidad perdida, porque el desempleo –pereciera que pretendido- lo único que hace es mantener al pueblo en una subordinación y un sometimiento obediente, aunque sea vendiendo su dignidad, como ya he apuntado otras veces, “por un plato de lentejas”.
Y Antonio Muñoz Molina advierte en su reciente libro TODO LO QUE ERA SÓLIDO: “Hace falta una serena rebelión cívica(…) hay cosas inaplazables”
22.enero 2014
¿Papolatría?
Papolatría, Franciscolatría?
Me da la impresión, y en concreto al leer una entrada en la Web Parroquia viva, que tenía mucha razón mi amigo JJ. Romero al plantear como algo fundamental cuál es el lugar hermenéutico desde el que contemplamos, miramos, analizamos o interpretamos la realidad.
¿Ya no recuerdan los católicos aquello de •totus tuus”, aquellas exaltaciones hacia el papa Juan Pablo II, al que deseaban declarar santo por aclamación en la plaza de San Pedro durante su funeral? Ha habido mucho de papolatría durante el pontificado de Juan Pablo II. ¿Ahora qué pasa?
Lo que pasas es que mucha gente estaba deseando ver el rostro de Jesús a través de aquel que decimos que, de alguna manera, hace visible al que ascendió a los cielos, pero que habita en el corazón del ser humano. Lo que pasa es que este papa se ha convertido en una verdadera epifanía de lo que muchos, católicos o no, creyentes o no, esperaban desde hace mucho tiempo de la Iglesia, enquistada en posiciones totalmente anquilosadas.
Ya sabemos que este papa no va a destruir la doctrina, pero tampoco parece que vaya a poner la doctrina, por encima de la fe y del amor fraterno, de los pobres o de la cercanía a los últimos de este mundo.
Lo que parece es que este papa no va a ser un papa que se pasa la vida condenado esto, lo otro y lo de más allá, ajeno al dolor, al sufrimiento, a la pobreza, a la sencillez. Parece que ya es un papa que no contenta a los que sólo piensan en que no hay más caminos para ir a Dios, que las prácticas piadosas, y que todo se puede reducir a recibir sacramentos, sin andar los caminos que llevan a los más pobres, los más humildes y perdidos.
Por supuesto que mantendrá lo que constituye lo esencial de la iglesia y la fe, pero el estilo, el talante, la sencillez, la bondad natural, la simplicidad franciscana, el no recargar nada con lo superfluo o lo innecesario; es más, despojarlo del ornato fastuoso y ostentoso, lejano a la sencillez del Evangelio, es lo que hace que este papa sintonice no sólo con los católicos fidelísimos y practicantes, sino también y más, con aquellos que se han sentido huérfanos en la iglesia, excluidos de la iglesia, condenados y anatematizados por la intransigencia y la falta de ternura y sensibilidad.
Esto es lo que hace, no que se haya producido una franciscolatría, sino una recuperación de la esperanza en una iglesia que ha intentado vivir, en el puerto, con el ancla echada y bien sujetas las amarras, en lugar de ir navegando entre la marejada u hollando los caminos tortuosos por donde se mueve la inmensa mayoría. Gracias a Dios esta iglesia existe precisamente donde dice Francisco, allí, en los márgenes, donde algo “huele a oveja”, incluso –y sobre todo- a oveja perdida.
Paco López de Ahumada.
28.2.2014
miércoles, 30 de octubre de 2013
2 de noviembre. Flores para los difuntos
Hoy es un día de sol, de luz, de flores de recuerdos, de glorificación de la muerte, de exaltación de la mayor limitación y pobreza humana.
En medio de esta resonancia festiva de los muertos, vamos a hacer un gesto, silencioso, solidario, para que lo inmediato de nuestros propios muertos, no nos deje olvidar los muertos de otros, los muertos olvidados. Que no nos deje olvidar el dolor de otras familias lejanas, perdidas, que nunca saldrán en los telediarios o las revistas.
De manera particular vamos a hacer presentes a los muertos que mueren por nuestros olvidos, por la estupidez humana, porque, en parte, nosotros nos hemos cruzado de brazos.
No queremos olvidarnos de los muertos sin entierro, sin lápidas, sin honor, de los que mueren a causa del fanatismo o de la locura de otros.
Nuestra celebración es un recuerdo para los muertos de todos.
Nuestra celebración es un aliento para una vida consciente y de donación, una vida para desvivirse, y no dejarse morir tontamente sin luchar por la vida, procurando no perderla, sino entregarla completamente.
Ofrenda de flores :
Una flor por las víctimas de la violencia doméstica.
Una flor por los 35.000 niños que mueren a diario, víctimas del hambre y de nuestro olvido
Una flor por las víctimas del SIDA, por los enfermos terminales del centro Eimakaie, tan cercano a nosotros.
Una flor por las víctimas de todos los terrorismos y fanatismos, en particular por las víctima de la inevitable inmigración, tragadas por el Mediterráneo junto a Lampedusa
Una flor por los palestinos muertos a manos del fanatismo israelí
Una flor por los Israelitas muertos a manos de los suicidas fanáticos palestinos.
Una flor por los niños y niñas víctimas de las minas antipersonas.
Una flor por los que han muerto sin haber vivido.
Una flor por las niñas desfloradas para la prostitución.
Una flor por las 200.000 víctimas de Hirosima y Nagasaky
Una flor por todos los que han muerto víctimas de su compromiso con los pobres.
Una flor por los que buscando el paraíso han encontrado la muerte a bordo de una patera en el Estrecho.
Una flor por aquellos que, no sabemos por qué, prefirieron huir voluntariamente de la vida.
Una flor por las víctimas de los accidentes de trabajo, víctimas al mismo tiempo del egoísmo que los instala en la inseguridad.
Una flor por los 29 niños fallecidos bajo la escuela en el terremoto de San Giuliano.
Una flor por los mineros atrapados por el grisú a setecientos metros baja la tierra
Una flor por todos los muertos olvidados.
Una flor finalmente para dar fuerza a los que hoy sienten reciente la ausencia, y están sumidos en el dolor y la tristeza.
Al final, flores también para los vivos.
Una flor para quienes entregan a diario su vida a la causa del ser humano.
Una flor para aquellos o aquellas que nunca reciben un detalle de amor..
Una flor para todos los niños y niñas necesitados de afecto y cariño.
Una flor para aquellos que hoy luchan por escapar de la droga, del alcohol, del fanatismo, de la marginación, (que son formas de muerte) intentando recuperar su dignidad como personas.
Y dichosos los que lloran, porque todavía mantienen el corazón sensible al sufrimiento de los otros
sábado, 26 de octubre de 2013
Tres superhombres cargados de limitaciones
He de aclarar que estas palabra se enmarcan en la presentación del libro “Guardianes de lo humano”, que se celebró en Fuente Palmera el 24 de octubre pasado. En él Miguel Luque y Mari Lola cuantan cómo asumieron y vivieron el hecho de que sus tres hijos pasaron por el síndrome de Wolfran, muriendo entre los 30 y los cuarenta años, ciegos, en parte también sordos y con su salud altamente deteriorada. Eso aclarado para lo que no siguieron el acto, leí lo que sigue como mejor pude:
Comenzaré hablando de esta palabra que descubrí no hace tanto
Resiliencia. RAE 1. f. Psicol. Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.
Quizá haya que hablar de esta palabra que se ha difundido recientemente y se ha hecho familiar en la toma de decisiones cuando las cosas y la realidad obligan a elegir una opción entre: Rendirse o resistir, soportar o acoger, el aguante o la resiliencia.
La paciencia y la abnegación siempre han tenido un cartel negativo. Ser paciente o abnegado se vinculaba a la capacidad para soportar algo, sobre todo un mal o una desgracia; ser paciente se entendía de aquella persona que sobrellevaba de forma admirable una situación dolorosa, triste, o una separación inevitable.
Ser paciente se ha vinculado siempre a algo pasivo, (sufrir con paciencia las flaquezas de nuestro prójimo decía el catecismo como una de las obras de misericordia).
Pero es necesario cambiar esa concepción por la que el ser humano se rinde, se somete, se doblega, se deja aplastar por las situaciones, sean éstas las que fueren. No se trata de cargar con algo sino de hacerse cargo.
La paciencia no es debilidad, sino fortaleza,
No es aguantarse sino sostenerse.
No es desesperación, sino esperanza,
no es cobardía sino audacia,
no es pasividad, sino acción,
No es ab-negación sino re-afirmación
no es cruzarse de brazos, sino trabajar con serenidad,
no es echarse a dormir sino estar vigilante,
no es resignación, sino resistencia;
no es una forma de ir tirando, sino una forma de seguir luchando, cargándose de razón.
No es cargar nuestra cruz sin renegar, sino hacernos cargo de nuestra vida cargándonos de fuerza, optimismo y fortaleza.
Miguel ha escrito el libro, pero los protagonistas de su vida han sido sus hijos, y a ellos sobre todo voy a referirme en lo que sigue:
Cuando murió David, yo intente dejar en un breve poema, cuál era la filosofía con la que se sustentaba la lucha de este muchacho que había roto con todos los aspectos de su limitación como si ni siquiera existiesen. Su forma de lucha la había mamado en la familia, en la casa, en las actitudes de Mari Lola y Miguel
Inválidos,
minusválidos,
discapacitados,
disminuidos,
invidentes,
paralíticos.
Todas las palabras caen
al fondo del abismo
del lenguaje social y socializante,
compasivo y misericordioso,
piadoso y caritativo…
ante un hombre como David,
ante una personalidad superior
que se salta todos los apelativos,
para transformarlos y extrapolarlos:
inválido por valioso,
minusválido por extraordinario,
discapacitado por capaz y valiosísimo;
disminuido por elevado y superior,
invidente por iluminado,
ciego por alumbrador de caminos,
paralítico por activista apasionado.
El supo poner notas y música
a la prosa absurda de la vida.
El supo poner notas de humor
a la monótona rutina
del dolor de los días.
Él supo luchar por todo aquello
que muchos, capaces,
válidos, enteros y videntes,
andan dudando, acobardados,
y acaban aceptando, en silencio,
su falta total de compromiso con la vida,
su falta de compromiso
con las mil causas en las que David
puso su potente mirada
la Luz de sus sueños.
Las causas por las que él,
sabedor de que la luz existe
más allá de los ojos,
convirtió en utopía
los sueños del hombre,
los horizontes y proyectos del hombre,
las ilusiones rotas
de todos los hombres.
Él luchó por cambiar
las escaleras por las rampas,
pero nunca quiso aceptar el problema
reducido a barreras arquitectónicas,
El colocó en el objetivo de su lucha
toda las barreras:
las separaciones,
las fronteras,
las desigualdades,
los muros,
las alambradas
y los prejuicios;
Las ideas miserables
y los fanatismos.
El soñó sencillamente
cortar las alambradas
para dejar abiertos los caminos.
El soñó borrar del mapa las fronteras
para fundir las razas y los hombres.
Y se ha ido, ¡lástima!, cantando
Su propia canción:
“El planeta para el que naciste
aún no existe”.
31 de octubre 2007
.
A la muerte de Dani, esta vez, no pude acompañar a Mari Lola y Miguel en esta despedida, les mandé unas palabras que descubren también cómo era este Dani, místico y sublime:
“24 de junio de 2008.
Queridos Miguel y Mari Lola, querido Iván:
Tarde me llegó la noticia del fallecimiento de Dani. Bien es verdad que el que me enterara antes o después nada podía cambiar el hecho mismo de su partida.
En la última y precipitada visita que os hice tras la muerte de David, me quedé con el recuerdo de su despertar, tras su siesta, para la dosis de insulina, preguntando si era de día o de noche y qué hora era.
Espero que cuando haya aterrizado en la eternidad se habrá olvidado de preguntar las horas, se habrán abierto sus ojos, y no preguntará jamás cuando será de noche.
Me acordé de sus “Historias de Dani” y supe que los protagonistas de sus cuentos llevaban nombres falsos y que siempre era Dani quien acababa poniendo el contrapunto a la desesperanza, a la injusticia, a la oscuridad o la mentira.
La historia 11ª definitivamente toma a Dani, ahora sí, como Protagonista.
Epílogo de la 11ª Historia de Dani
Desde el encuentro con el monje que le indicó el camino interior por donde los seres humanos se encuentran con todos los desafíos de la vida, Dani lo siguió sin desfallecer, afrontando todos los retos que se le presentaron, asumiendo los riesgos, amando con desinterés, tratando con delicadeza cuanto le salía al paso y aceptando como regalo todos los acontecimientos buenos y malos.
Fue largo –aunque breve- el camino. Finalmente tras cruzar tantos bosques de frescor, beber en las fuentes del amor, sentir el calor del afecto, experimentar la ternura de los seres más cercanos, sintiendo su cuerpo como una casa desmoronándose lentamente, pero oteando el horizonte de su ser interior, (recompuesto siempre y fortalecido por la esperanza) atisbó, finalmente, un ser de luz que le envolvió en una luminaria brillante, y sobre todo le inundó de paz.
-Soy tu ser interior, tu espíritu, soy Dios, le dijo.
Y Dani sintió una paz inmensa, una felicidad que le desbordaba.
Los dos se dieron un abrazo y se fueron caminando juntos por el sendero de la eternidad… Así continuó Dani hasta sumergirse en el inmenso Océano del que empezaba ya a sentirse, luminoso y brillante, como una gota gemela de Dios.
Finalmente se nos fue y se les fue Iván. 9 de abril de 2009
Creo que por la razón que fuere no estuve tampoco compartiendo con ellos esta despedida. Aunque si intenté ir a la huerta comunitaria donde fueron esparcidas sus cenizas y de las que han brotado no otra cosa que flores del bien. Sí recuerdo que guardé este correo que le puse a Rafa Yuste:
Querido Rafa:
Aunque seguramente te habrá llegado por otros caminos, me han comunicado esta mañana que Iván Luque ha fallecido esta madrugada de jueves a viernes santo. Será incinerado esta tarde, al parecer.
No es una buena noticia para nadie. Supongo que morir en viernes santo, también puede ser una coincidencia simbólica, para gente que ha luchado con un compromiso firme, arrostrando la vida y su penosa circunstancia con enorme vitalidad y optimismo.
Lo siento por Mari Lola y Miguel. En poco tiempo se le han ido los seres queridos que motivaban su entrega diaria y su esperanza contra toda esperanza.
Su fortaleza, me imagino, será como la de las raíces que han sustentado estas tres hermosas ramas llenas de fruto: Dani, David e Iván que se les han desgajado del tronco, dejándolo ahora en total desnudez, pero con el ánimo, espero, de mantenerse en pie, retando esta nueva y tremenda intemperie.
Una cita: “El bálsamo - decía Octavio Paz- que cicatriza la herida del tiempo se llama religión; el saber que nos lleva a convivir con nuestra herida se llama filosofía” (en La llama doble)
Miguel ( y Mari Lola, más en silencio) siempre han nadado buscando en ambos campos, el de la religión y el del pensamiento filosófico no tanto una luz que le haga “llevadero” el peso de la realidad, cuanto una fuente de donde alimentar su esperanza, su optimismo, su lucha, o por mejor decir la lucha de todos los miembros de la familia.
Y voy a terminar con la segunda acepción de Resiliencia.
2. f. Mec. Capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación.
¿para qué?
…Para reaccionar con fuerza, con toda la energía guardada. Esa es la verdadera opción que nos propone Miguel: sentirnos unidos y solidarizarnos para ser de verdad Guardianes de lo auténticamente humano.
Gracias por este pequeño compendio de vuestras vida, Gracias Miguel, Gracias Mari Lola y –espero nos estén mirando con los ojos del corazón-
Gracias, Dani, Gracias David, Gracias, Iván.
lunes, 8 de julio de 2013
Palabras de agradecimiento por el título de Hijos Adoptivos de Rafa Yuste, Miguel Ángel Ibáñez y Paco López de Ahumada
5 de julio de 2013. Fiesta del 246 aniversario de la fundación de Fuente Palmera.
Las personas somos como un tapiz o como una tela bordada. La parte que aparece a la vista de todos es normalmente la más bella, la más presentable, la que retrata lo más lindo de nosotros, la otra parte, la parte trasera del tapiz o el bordado es la que cada uno ve desde su interioridad. Generalmente está deshilachada, descompuesta, falta de forma y de belleza, pero es todo ese revés de la trama lo que hace también al ser humano y lo reviste de limitaciones y pequeñez, lo que le permite sentirse humilde, poca cosa y medir la insignificancia de su ser total.
Esa apreciación personal del envés del tapiz hace que estos reconocimientos signifiquen siempre una forma de estímulo y un acicate para no tirar la toalla, pero siempre balanceados por los elementos que nos permiten ser conscientes de nuestros límites y nuestra fragilidad. Elevan nuestra autoestima pero no deben alimentar un narcisismo autocomplaciente o una absurda y boba vanidad
Nuestro compañero Manuel Fraijó, catedrático de historia de las Religiones en la UNED, (Universidad de educación a distancia) en un reciente homenaje comentaba al responder a los compañeros que al oírlos hablar se preguntaba, ¿Pero es de mí de quien están hablando? A veces no nos reconocemos en el retrato mítico y apasionado que hacen de nosotros quienes nos quieren demasiado.
Los curas obreros llegamos a Fuente Palmera cuando hacia muy poco tiempo que había concluido el Concilio Vaticano II, y cuando después del mayo de 68 algo se iba moviendo en España de cara al cambio radical que supondría la muerte de Franco, la transición y la democracia
Éramos en principio cuatro. Luego nos quedamos reducidos a dos y vino Miguel Ángel desde las escuelas profesionales de Explosivos Riotinto de Huelva, pues la empresa no estaba conforme con la pedagogía del equipo jesuita que la llevaba. Al final quedamos sólo nosotros tres. Y aquí permanecimos hasta cubrir prácticamente 12 años que estuvimos al frente de la parroquia.
"Cuando vinimos como "curas obreros", pretendíamos conjuntar esas dos cosas: evangelizar, que siempre es la misión de un cura (evangelizar, lo que significa es "transmitir una buena noticia") Y hacerlo no sólo en el templo y desde el templo, Traíamos ya la convicción de que no se trataba de acarrear a la gente a la iglesia o al templo, sino de acercarse a donde estaba la gente (la mayoría de la gente, la que no iba a la iglesia sino circunstancialmente). Ese acercarnos nos llevó a donde la gente estaba: en el trabajo, en sus casas, en la taberna, en las ferias, en la emigración. Nos llevó a compartir sus alegrías y sus tristezas, sus luchas y sus esperanzas y a compartir también con ellos las nuestras. Evangelizar de otra manera, compartiendo el trabajo, nos ayudó y ayudó a despertar de un largo letargo como ciudadanos, como seres libres y adultos, como seres responsables no sólo de las propias vidas, sino de la vida social y política (entonces casi inseparables).
En nuestro despacho parroquial colocamos dos leyendas (que ahuyentaban a algunos y atraían a otros):
"Hay tres formas de relacionarse con el pueblo: vivir con él, vivir para él, vivir de él. En la última entramos todos los privilegiados de la sociedad" (tomada de alguna neurona del mayo del 68).
Y ésta otra, tomada de Gandhi:
"Predicar el desafecto al actual gobierno (al de entonces, entiéndase, aunque, a veces, no pierda actualidad) se ha convertido en una pasión para mí".
Eso fue, en parte al menos, lo que intentamos: vivir para y con la gente y ayudar a preparar otra forma de entender la vida social y política. En aquella atonía cultural, social y política en que el régimen nos sumía, esas dos vertientes resultaron escandalosas para algunos, pero fueron bien comprendidas por la mayoría que, entendió y nos hizo entender, que otra forma de vivir la fe y de vivir como personas era posible. .
Hoy también nuestro compañero jesuita el papa Francisco, intenta abrir ese camino de sencillez y de ausencia de boato, lujos o grandezas, para acomodar los gestos de la Iglesia a la elemental simplicidad del evangelio de Jesús de Nazaret, tratando de estar cerca de los pobres, de la gente sencilla del pueblo.
Nos sentíamos aquí como sembradores, porque la parábola del Evangelio habla de que la palabra de Jesús es como una semilla que siembra a voleo el sembrador, y que cae una parte en el camino, otra en el pedregal, otra en medio de las zarzas y por último una parte cae en buena tierra y da ciento por uno.
Generalmente, dice San Pablo, uno es el que siembra y otro el que siega.
Han pasado ya 40 años desde los días en que andábamos sembrando. Algo habrá quedado de aquel ir codo con codo en los surcos, en el girasol, la remolacha, el algodón, entre la cepas de las viñas, arrastrando los fardos, trasladando aprisa los bancos de olivo en olivo o cargando de masa los capachos del molino de Paco Rivero.
Y algo habrá quedado de aquellas catequesis y aquel elemental movimiento junior, de unas primeras comuniones despojadas de boato y lujos, algo de aquellos grupos de jóvenes que entre otras cosas montaron Jesucristo superstar, descubriendo también el aspecto más humano de Jesús; o las colonias de verano de Torrox mezclados con niños y niñas del Sector Sur de Córdoba, (los vikingos) o de Bujalance y otros pueblos de la provincia. Muchos sé yo que no han olvidado aquello, pero más seguro estoy aún de que lo sembrado ha echado raíces y ha crecido sin alharacas en el corazón de mucha gente.
Alguien preguntó ¿Y qué es lo que han hecho aquí los curas obreros jesuitas? Para algunos éramos un estorbo a la fe, pero para una gran mayoría fue el abrir una puerta cerrada a la gente sencilla desde siglos, fue encender una luz que nunca les había alumbrado, y fue descubrir que había otros caminos para ser cristiano.
Personalmente y en nombre de los tres agradecemos este título. Entendemos que este reconocimiento, a juzgar por lo que dice el reglamento parece desmedido respecto a nuestra aportación, pero realmente estamos agradecidos, porque es una rememoración de aquellas ideas simples y prácticas que algo nos hicieron avanzar colectivamente en libertad y en responsabilidad.
Según dice el reglamento de distinciones en su artículo 8, estos títulos se pueden conceder a quien o quienes por sus destacadas cualidades personales o méritos señalados y singularmente por sus servicios en beneficio, mejora u honor de (nuestros pueblos); y que hayan alcanzado tan alto prestigio y consideración general, tan indiscutible en el concepto público, que por la concesión del título deba estimarse por el ayuntamiento como el más adecuado y merecido reconocimiento de esos méritos y cualidades, como un preciado honor, tanto para quien lo recibe cuanto para la propia corporación que lo otorga.
Gracias pues por haber propuesto que los tres compañeros jesuitas (ellos siguen siéndolo) hayamos sido tenidos en tan alta consideración a ojos de quienes nos han propuesto en la corporación para este título. Gracias a la Corporación, y gracias al pueblo de Fuente Palmera y la Colonia que, particularmente a mí, Paco; me tiene como uno más de sus vecinos y ahora me honra junto a mis viejos compañeros, con este título de hijo adoptivo.
Muchas gracias.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




