martes, 31 de octubre de 2017

Peregrinar a los cementerios

Tan fuerte es nuestro amor a la vida, y eso que nos da tantísimos disgustos y malos ratos, que, a pesar de ello, la esperanza, que según la mitología griega quedó en el fondo de la caja de Pandora cuando de ella escaparon todas las desgracias, sigue siendo el clavo ardiendo al que nos agarramos cuando parece que ya nada queda por hacer.
La muerte que – sin duda también escapó como una desgracia de la Caja de Pandora- pone el punto final a la vida biológica (por decirlo de alguna manera). Pero agarrados al clavo ardiente de la esperanza, mantenemos vivos los recuerdos y los sentimientos, el amor a los que se van, que ha constituido un lazo espiritual con ellos, y con ellos nos asimos igualmente al sueño de la supervivencia, mirándola como la última metamorfosis necesaria para que no se apague esa semilla que germina y crece hasta dar fruto en el más allá.
No sé cuántas personas comparten la fe en la resurrección, porque al tener que hacer un enorme ejercicio de imaginación que no fructifica fácilmente en la clara percepción de otra forma de vida, muchos acaban abandonando la idea misma de una vida más allá de la muerte.
Pero aun así – y más allá de toda evidencia-  estos días en que recordamos a todos los que han muerto de nuestras familias, desempolvamos sus tumbas, les damos brillo, las cubrimos de flores y luces y dejamos caer una oración, unas veces convencidos de que es escuchada desde el más allá y otras rodeada de cierta incredulidad, pero acompañada de una sentida lágrima.
Seguramente, mucho antes de que las religiones regularan las relaciones de los humanos con el misterio de la divinidad, los seres humanos más primitivos ya tenían, respecto de sus muertos una serie de ritos y ceremoniales, mediante los que se rendían a un tiempo recuerdos y homenajes, juntamente con gestos de dolor por la nunca deseada despedida “definitiva”.
Jesús de Nazaret no sólo corrió la misma suerte de todos los mortales, sino que su muerte fue la de un reo condenado al repugnante suplicio de la crucifixión romana, llevado a un sepulcro y colocado allí para cumplimentar el piadoso deseo de cubrir su cadáver con perfumes y bálsamos.
La experiencia que tuvieron sus discípulos que habían huido acobardados es que este Hombre había roto el tabú de la muerte y se les había mostrado de tal manera que ni les cabía dudar de la realidad de su nuevo status, porque Dios le había arrancado de las manos de la muerte, confirmando así que esa clase de muerte no llevaba definitivamente a la destrucción y la podredumbre, sino que “como el grano que se pude en tierra” acaba en espiga llena. También, de alguna manera (eso sí que lo desconocemos), nosotros estamos destinados a compartir también ese mismo camino y esa metamorfosis.
Aunque es verdad que no todo el mundo comparte esa fe de la misma manera, todos experimentamos que la muerte es la máxima frustración de todos los esfuerzos del ser humano, que los que seguimos vivos nos debatimos entre la incredulidad y la esperanza, porque de una cosa sí que tenemos la experiencia de que sobrevive a los que se van: el amor que hemos sentido por ellos, que se trasluce en el dolor que experimentamos ante el desgarro que supone esta separación y más cuando se manifiesta tan injusta a veces, con la muerte de niños, jóvenes o personas valiosas que se nos van prematuramente.
Pero, de cualquier manera, esa peregrinación hacia el cementerio nos recuerda la contingencia de nuestras vidas, la debilidad de nuestra condición y la enorme presencia permanente de nuestras emociones y nuestros sentimientos, de nuestros recuerdos y la actualización de nuestra ternura hacia los que ya se fueron.

Y allí, junto a sus restos, queda el simbolismo de esos nexos de unión con ellos: las flores, las velas, la lágrima que se desprende de nuestros ojos y una oración susurrada y casi inaudible, que se eleva como las copas de los cipreses que apuntan al Misterio, mirando a lo alto del cielo. Quizás eso es lo que quedará cuando de marchiten las flores y se agote la cera de las velas que arden.

sábado, 9 de septiembre de 2017

El ´sabado es para el hombre.. Este Hombre es Señor del sábado

¿Aplicar la misericordia o el Derecho canónico?
Hay varios pasajes de los evangelios en que es claro que Jesús acaba escandalizando a aquellos que representaban la ortodoxia y la fidelidad literal a las normas establecidas en la ley judaica. Es notorio lo que ocurrió en casa del Simón, es notorio lo que pasó con la adúltera a punto de ser apedreada, es notorio el enfado que producía la actitud de Jesús de poner al “hombre” por delante del sábado. Es notorio que cuando Jesús hablaba de colar el mosquito y tragarse el camello, que cuando curaba en sábado o cuando sus discípulos cogieron unas espigas para trillarlas con sus propias manos y poderse llevar algo a la boca, pues estaban hambrientos… siempre arrancaba la indignación de los “guardianes de la ley”.  En fin todo eso levantó a los fidelísimos y ortodoxos fariseos para poner el grito en el cielo y escandalizarse, porque para Jesús no había más ley que la del amor y el amor va más allá de toda ley.

Mientras no seamos conscientes de la penosa evolución que sufrió el cristianismo desde el punto y hora en que se convirtió en la religión “oficial” del Imperio Romano, y de la evolución mantenida a través de largos siglos de ser “colonizado y manejado” por el poder de los imperios, hasta convertirse ella misma, la Iglesia, en una institución rodeada de poder, de lujo, de grandiosidad y de una parafernalia propia del sacro romano imperio romano germánico o del imperio Carolingio hasta lograr el máximo poder sobre reyes y emperadores del mundo, impartidora de dignidades y territorios, dotada de un gran ejército, volcada en atender los intereses de determinados reyes;… mientras no nos demos cuenta que la evolución del papado, de ser un servicio a los cristianos se convirtió en una monarquía absoluta, autoritaria e intransigente muy lejos del espíritu de aquel al que dice seguir y que fue eso en gran parte lo que provocó, primero la separación de las iglesias orientales hoy llamadas ortodoxas, y lo que impulsó luego  la iniciativa, a mi parecer sincera, de la reforma luterana, frente a un primado ejercido con un espíritu antitético al de Jesús de Nazaret, que hubiera llegado látigo en mano a arrojar de nuevo a los mercaderes de un templo construido con el poder del dinero y el sufrimiento de los pobres, con aquella magnificencia que hizo exclamar a Jesús “no quedará de ti, piedra sobre piedra”, refiriéndose al templo, templo que nunca estuvo dentro del proyecto de Jesús. El templo de Dios es el corazón de los humanos, y como “comunidad” formamos un templo en el que Dios viene a habitar en él. Dios no necesita un templo construido por la mano del hombre.

Pero, es verdad, han ido pasando tanas cosas, nos hemos acostumbrado a tantas formas, ceremonias, pensamientos, modos de ver nuestra fe y nuestro cristianismo, que ahora, volver a ponernos en la mirada de aquel Jesús, marginal y vagabundo, aquel Jesús mal vestido y acompañado de unos pobres pescadores, seguido de enfermos, leprosos, mujeres, y chiquillos, recorriendo caminos de Galilea, enfrentándose a letrados, escribas, fariseos, sacerdote y senadores con su manera de comportarse tan “libertina” y “arbitraria”, nos parece tarea imposible. Escuchar aquello de “misericordia quiero y no sacrificios” suena de una manera muy distinta en sus labios que en la prédica de los sacerdotes. Decir: anda vete, yo tampoco te condeno, parece imposible hoy en que “la doctrina y los cánones del derecho” son más importantes que el acercamiento misericordioso a las personas. Creo que el tiempo nos ha hecho engolarnos con la verdad, ensoberbecernos con la doctrina, endiosarnos arropándonos en la “palabra de Dios”.  Nos hemos convertido en intérpretes absolutos y seguros del saber lo que Dios quiere en un arrebato de soberbia y engreimiento, interpretando lo que nos interesa y a nuestro favor de las palabras más claras de Jesús: “no será así entre vosotros, el que quiera ser el primero que sea el último de todos”. No os hagáis llamar padres ni maestros, ni excelencias, ni os deis títulos, porque uno sólo es vuestro maestro.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Sal y luz


Llevo ya tiempo dándole vueltas a ese pasaje del que me decía mi pariente Antonio Hens, que es lo que  a él le suena como más exigente y comprometido del Evangelio: “vosotros sois la luz del mundo, vosotros sois la sal de la tierra”.
El evangelio es una buena noticia para los pobres,
El reino de Dios es paz, justicia, bondad, amor, perdón, compasión, misericordia, …
Jesús “Paso por el mundo haciendo el bien…”
Su vida fue un entregarse a los demás, un desgastarse por hacer el bien, y dejarnos muy pocas cosas encargadas: Amaos los unos a los otros como yo os he amado, No devolváis mal por mal, no hagáis vuestra obras delante de los hombres, orad, no para pedir cosas sino para que hagamos posible ese reino,  y trabajemos por él, pues esa es la voluntad de Dios (no la inventemos) Respetemos el misterio de Dios, inalcanzable para nosotros (“estás en el cielo”).  Danos lo necesario, que no nos falte el pan, y que la convivencia sea un perdón constante, para sentirnos acogidos por el Padre, a quien invocamos:
¡Padre!: ¿de dónde hemos sacado el título de Señor Dios todopoderoso, con que tanta veces arrancamos a pedir cosas muy extrañas.
Nos os dejéis llamar maestros, ni padre, ni señores, ni bienhechores… ¿De dónde hemos sacado el reverendo Señor Don y el Ilustrísimo y Excelentísimo y Reverendísimo Sr.  Para darle título a los “sirvientes” de la comunidad, (diáconos en griego, ministros en latín).
En la vida y funcionamiento de la Iglesia, -comenta José Comblin- la religión ocupa más espacio y tiene mayor importancia que el evangelio. La religión es un hecho cultural; en cuanto al evangelio, es una apelación a la acción. En la cultura occidental la religión es más determinante que el evangelio, que debería ser la fuerza de contestación y transformación de la cultura de Occidente, sobrecargada de desigualdades, injusticias y violencia. En Occidente, Jesús es más objeto de culto que modelo de seguimiento. En la Iglesia sobran ritos y ceremonias y falta la mística del seguimiento de Jesús que vino para mostrar el camino para que lo sigamos. Eso es lo básico, es el Evangelio.

Hoy, podemos decir que existe la misma resistencia al mensaje de Jesús que existía en los tiempos en que Jesús mismo andaba por los caminos de Judea y Galilea. Los guardianes de las esencias religiosas, del cumplimiento fiel de los ritos y las normas y tradiciones oponen la misma resistencia al cambio, a profundizar y a ahondar en un mensaje radical, que, como todo lo que es exigencia para la conciencia  se empieza a recubrir de añadidos y decorados que acaban ocultando lo fundamental.
Y eso fundamental está rodeado y protegido por normas, doctrinas, afirmaciones, cánones, dogmas… que le proporcionan cierto brillo, cierto esplendor, de manera que mas deslumbra que alumbra.
El papa Francisco ha dicho: “Me dan miedo los cristianos que no caminan y se encierran en su propio nicho. Es mejor proceder cojeando, cayendo algunas veces, pero confiando siempre en la misericordia de Dios, que ser 'cristianos de museo', que temen los cambios y que, una vez que han recibido un carisma o una vocación, en lugar de ponerse al servicio de la eterna novedad del Evangelio, se defienden a sí mismos y sus propios cargos".
Y Pedro Arrupe, refiriéndose a los jesuitas, decía: “No pretendemos defender nuestras equivocaciones, pero tampoco queremos cometer la mayor de todas: la de quedarnos con los brazos cruzados y no hacer nada por temor a equivocarnos”.
Y Pièrre Teilhard de Chardin, con su visión teocosmoantropocéntrica comentaba: “Nuestro deber como hombres y mujeres, es proceder como si no existieran límites a nuestra capacidad. Somos colaboradores en la creación”.
Ese ser sal, y ese ser luz es estar convencidos de que nuestra actividad no debe ser conservadora, sino creadora y transformadora. De alguna manera también el padre Arrupe comentaba en este sentido: “No me resigno a que, cuando yo muera, siga el mundo como si yo no hubiera vivido”

Y no se trata de deslumbrar con esa luz, ni se trata de dejar en herencia grandes obras materiales. Se trata de ser sal, como alguien que se diluye para darle “sabor a la vida” y ser luz, para que tu presencia haya sido luminosa y testimonio de las actitudes evangélicas de servicio, de generosidad y de misericordia.

El Espíritu

Recientemente los creyentes hemos celebrado Pentecostés. , haciendo coincidir las viejas fiestas judías con la eclosión de una nueva era en la que Dios ya no camina simbólicamente por el desierto con su pueblo mediante el Arca de la alianza donde se guardaban las tablas de la Ley.
A los 50 días de la Pascua, los judíos celebraban la fiesta de las siete semanas (Ex 34:22), que tenía carácter agrícola en sus orígenes. Era la fiesta de la recolección, día de alegría y de acción de gracias por las cosechas, especialmente de cereal.(Ex 23:16), en que se ofrecían las primicias de lo producido por la tierra; esta celebración se convertiría también en recuerdo y conmemoración de la Alianza del Sinaí, realizada unos cincuenta días después de la salida de Egipto.
La Iglesia celebra esta fiesta recordando lo acontecido en Jerusalén, el día de Pentecostés de aquel año en que Jesús sufrió la pasión, resucitó y hacía diez días que había dejado de manifestarse, pues por la ascensión, pasó de este mundo al Padre tal como él mismo dijo.
Si en aquel primer pentecostés Moisés había descendido del monte con una tablas de piedra en las que estaba inscrita la Ley de la Alianza de Dios con el pueblo, en este nuevo pentecostés, el Espíritu de Dios descendió desde la divinidad para insertar en el mundo y en el corazón de los humanos la Fuerza, la Ruaj, la Energía, la Gracia mediante la cual el que acoge ese espíritu, se reviste de la libertad y la “parresía”, perdiendo todos los miedos que nos mantienen encerrados en nosotros mismos y acobardados ante la realidad que nos rodea. (Hechos, cap. 2 vv 1 y ss.)
La llegada del Espíritu para el creyente, supone un llenarse de optimismo, de alegría y esperanza, es un “confirmarse” en su propósito de seguimiento de Jesús, es un sentirse fuerte ante la adversidad, es reforzar su compromiso con las directrices del Evangelio de Jesús, es romper con el derrotismo, la negatividad y el pesimismo.
Sobre todo es sentir la plenitud de la libertad, junto a la plenitud de la responsabilidad. Y es descubrir lo más recóndito y valioso de la enseñanza de Jesús para la vida. Es sentir también que el amor es la materia con la que se construye la historia, porque todo lo que no es amor acaba destruyendo la historia y la vida.
Si uno lee el pasaje de pentecostés que nos cuenta el libro de los hechos de los apóstoles, escrito por el evangelista Lucas, se dará cuenta de que algo totalmente nuevo se produce en ese acontecimiento en que el Espíritu se “derrama” invade y llena el corazón de los discípulos hasta ese momento escondidos por el miedo. Cuando está presente el Espíritu es posible entenderse con todo el mundo por muy diverso que sea el idioma en que se habla.
Pero todo este don tan enorme, tiene como contrapartida una gran responsabilidad y como requisito un compromiso de no ceder, de no cansarse, de no renunciar, de seguir en la brecha, porque la Salvación no es un acto, es un proceso, es un devenir histórico que requiere que cada día, cada hora y cada minuto tengamos el corazón abierto a ese fuego que debe consumirnos por dentro, que debe no solo quemar y contagiar, sino también alumbrar.

Si algún gesto de nuestra vida personal tiene algo en común con Pentecostés, debería ser la confirmación, pues ese sacramento no puede significar otra cosa sino que si por fuera estamos “revestidos” de Jesús, por dentro estamos llenos de su espíritu, Espíritu que como dice Pablo, en medio de todas la dificultades, ora por nosotros con gemidos inenarrables.

Corpus Christi Las presencias reales de Jesús, según los evangelios.

La necesidad humana de tener una referencia material, un signo, un símbolo o una imagen a la que atenerse en el mundo espiritual de la fe, ha hecho que en el cristianismo, y especialmente en el catolicismo hayan prosperado las imágenes representativas del Jesús inasible, de la Madre de Jesús y de la nube de testigos de la historia a los que la comunidad de la Iglesia ha declarado santos.
Es esa misma necesidad la que ha hecho a los seres humanos, utilizar los ritos sagrados u ofrecimiento de sacrificios para tener algo material a lo que atenerse a la hora de establecer una “relación” con lo divino. La invisibilidad de todo lo espiritual, la imposibilidad de que esas realidades inmateriales puedan exteriorizarse ha llevado a establecer una serie de ritos, gestos, oraciones, a levantar templos, altares, etc. como una forma de “materializar” la invisibilidad de lo divino intentando hacerlo de la forma más sublime.
En el evangelio  dice Jesús: Donde están dos o tres reunidos en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos.(Mateo 18, 20). Pero, claro, esa presencia es inasible, invisible, no hay dónde agarrarse, sólo un acto interior consciente que quiere ratificar esa presencia. Pero Jesús dice claramente “allí estoy yo”.
En Mateo 25, en esa parábola maravillosa del verdadero juicio, Jesús llega a decir: Lo que hicisteis con uno de estos pequeños, necesitados, hambrientos, desnudos o enfermos…  “conmigo lo hicisteis”. Ateniéndonos a sus palabras no sólo él está allí realmente, sino que lo que nosotros estamos haciendo lo estamos haciendo con él, para él, en presencia de él. Aquí si hay una realidad a la que asirse, pero su aspecto no nos deslumbra ni nos sorprende, al revés, nos hace sentir compasión ante un espectáculo deprimente y necesitado. Es difícil percibir a Jesús en la carne dolida del otro, en los harapos del desnudo. Hace falta la mirada profunda de una Teresa de Calcuta o de un Juan de Dios, de un Francisco de Asís, de un Pedro Claver o un Padre Damián para percibir esa presencia de una forma natural, sin sofisticación ni pretensión autocomplaciente.
También en la última Cena, después de pronunciar la bendición sobre el pan, lo da a los discípulos afirmando: Tomad y comed, porque  Esto es mi cuerpo* que se entrega por vosotros”
Desde ese momento la comunidad entiende que existe una identificación del pan que se reparte con el cuerpo entregado de Jesús y una identificación también del vino que se da a beber, con la sangre de Jesús que se derrama, como ocurría con la sangre del cordero que se sacrificaba en la Pascua…
Este hecho que Jesús quiso expresamente que fuera un recordatorio permanente, (haced esto en memoria mía), un memorial que volvería a hacer presente ese gesto inmenso de la entrega hasta la muerte y esa donación plena de la vida (cuerpo y sangre), nunca desvinculado ni del compromiso con el servicio humilde como principio de comportamiento humano (el llamado lavatorio de los pies) ni separado de aquel mandamiento nuevo de “amaos unos a otros como yo os he amando” como señal de ser sus seguidores.
Era evidente, como señala González Faus que la repetición de aquellos gestos de Jesús se convierten en un memorial subversivo, pues la muerte de Jesús se produjo como consecuencia de la vida y las palabras de este Hombre, confrontado con todo el “aparato” religioso que se sostenía a través del templo, el culto y mediante el poder sacerdotal. Fueron esos poderes quienes le llevan a la muerte.
Me he parado en este valor peculiar de la eucaristía, porque he querido destacar sus aspectos dinámicos, celebrativos y de compromiso solidario. Me llama la atención –por su belleza y por su múltiple significación- el pasaje de los discípulos que huyen de Jerusalén a Emaús. Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos; así era, pero ellos no le reconocieron aunque  iba con ellos por el camino. (Bien es verdad que algo se les iba avivando  en el corazón mientras les desvelaba las escrituras) Pero curiosamente puestos a la mesa le reconocieron en aquel gesto que ya empezaba a formar parte del inconsciente colectivo en la comunidad, aunque sólo había sucedido una vez. Tal fue sin duda el impacto que causó a los discípulos en la última cena, que bastó aquel gesto de bendecir y partir el pan para que pudieran decir. “Es Él”.
Pero en este formato de presencia real vinculado al “partir el pan”, se ha prestado a cosificar la realidad del pan o del vino para hacerlos  presencia real bajo lo que hemos llamado apariencia de pan. La palabra species, del latín, significa precisamente forma exterior, apariencia, aspecto, lo que se ve superficialmente, y precisamente por eso, visible, palpable.
Por eso mismo, porque esa “presencia” es totalmente visible y perceptible, hemos depositado en ella todo el simbolismo del gesto de Jesús… Pero no compartimos con él la humildad de su ejemplo permanente:
Este es un dato más en la kenosis (vaciamiento de Dios) que “despojado de su rango, desnudo de toda apariencia de grandeza, se hizo en todo semejante a nosotros”. Así lo recuerda Pablo en la carta a los Filipenses 2,6-8:
Cristo, a pesar de su condición divina, 
no hizo alarde de su categoría de Dios; 
al contrario, se despojó de su rango 
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera, 
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, 
y una muerte de cruz
.
Para expresar su presencia, a Jesús le bastaba un poco de pan, la compañía de los hermanos, la cercanía a los pobres. Pero nuestra tendencia exaltante, contra los designios de nuestro Dios, ha sido desprestigiar la grandeza de los signos sencillos; y para darles apariencia de grandeza y honor, los hemos rodeados de oro y plata (los viles metales por los que el mundo está perdido) creyendo que así lo colocamos en “su sitio”, le damos la “gloria” que merece, lo exaltamos para que ya no sea la apariencia sencilla y pobre del pan la que destaque, sino la riqueza asombrosa de la custodia, la exuberancia de las piedras preciosas, el perfume de las flores y el humo del incienso.
Haber rodeado esta humilde presencia de Jesús (bajo apariencia de pan y vino) con la grandeza barroca de lo llamativo, y de lo menos humano (el brillo la apariencia, el oro, la plata, las piedras preciosas etc.) ha podido servir para resaltar una presencia de Jesús que se aparta de la sencillez de sus caminos (vende lo que tienes, dalo a los pobres y sígueme).
Es hora de despojar de artificio la sencilla presencia de Jesús para descubrir que no hay sagrario, por muy de oro y plata que sea donde podamos “encerrar” a Jesús, porque está presente en el pan que se comparte, en la ayuda que prestas al caído y en medio de la comunidad de sus seguidores aunque no sean más que dos o tres. Puede que como a los que huían a Emaús, aunque Jesús camine a su lado su ceguera les impida reconocerlo. Por eso una y otra vez será necesario curar nuestra manera de mirar, porque no se ve bien sino con el corazón, porque lo esencial (aun rodeado de brillo) es invisible a los ojos.
­­­­­­­______________
 *¿No habría que decir más bien “este es mi cuerpo”? Curiosamente cuerpo –soma en griego y corpus en latín- son palabras de género neutro y conciertan con el demostrativo, “esto” en neutro. En Mateo por ejemplo en que aparece también el texto “esta es mi sangre” (touto gar estin to haima mou, sangre en griego también es neutro), la traducción normal no es porque esto es mi sangre -concertando en género el demostrativo-, sino esta es mi sangre, cosa que no ocurre al referirse al Cuerpo, al menos en la celebración de la Eucaristía

sábado, 15 de abril de 2017

Pregón de Resurrección


.

Jesucristo ha resucitado y es posible cantar a la esperanza en un mundo sin esperanza.
Que se llenen de gozo todas las criaturas del cielo, de la tierra y de los mares,
Que se vistan de sus colores todas las flores de los campos y de los jardines, proclamando la nueva primavera,
Que brillen las estrellas de los cielos con luz de mediodía.
Que retocen los animales en los campos
Que canten las aves su coro de notas infinito,
Que se doren las mieses
Granadas en el milagro latente de la tierra
Que se inunde de luz el mundo todo;
Que se hinche de alegría y esperanza el corazón de los humanos.
Que cada hombre abrase a otro hombre y lo llame  “su hermano”
Que todos los Ejércitos depongan las armas y levanten la blanca bandera de la paz.
Que toda criatura arroje de su entraña el odio y la venganza
Que el universo todo tiemble con la emoción de este momento en que la vida renace de la muerte.
Y que el pregón de pascua sacuda el letargo y el sueño y colme el corazón de alegría que se escape en canciones, en risa, en gestos de vida y esperanza

-Levantemos el corazón.
-Demos gracias al Señor nuestro Dios
Es justo y necesario aclamar esta noche que Jesucristo ha resucitado
Y puede más la vida que la muerte.
Cristo ha resucitado,
Y ha triunfado el amor
Sobre toda mirada de odio.

Cristo ha resucitado
Dando muerte a la muerte
Y dando un viva a la vida.

Con Jesús muere y se crucifica
Todo el odio del mundo,
Toda la violencia y toda la injusticia,

Con Jesucristo resucitado y vivo
Proclamamos que algo está naciendo
Y creciendo en nuestro mundo
Que pertenece a la esencia misma de la vida.

Cristo resucitado es la proclamación del amor.

Que no se quiebre la caña cascada,
Que no se apague la brasa que humea,
Que nadie robe la sonrisa de un niño
Que nadie quiebre las flores en su tallo,
Que nadie aplaste las hormigas,
Que nadie levante su voz contra el hermano,
Que nadie mate una brizna de vida

Que todo ha muerto ya con Cristo y con Cristo
Ha nacido el amor que nos hermana.

Que pierdan nuestros ojos su mirada hostil que pierdan nuestras manos
Su tensión de amenaza,

Que nadie regatee su sonrisa al hermano,
Que nadie se guarde su beso y su caricia,
Que tendamos un trozo de pan a cada hambriento,
Que abramos el corazón a cada marginado,
Que tengamos a punto una copa de vino
Para alegrar el corazón anonadado

Bendita la mano que cultiva las flores,
Bendita la medicina que nos sana
Bendito el sol que nos alumbra cada día,
Bendita la palabra de aliento
Bendito el hombre que trabaja y construye
Bendito aquel que ama
Bendito aquel que sirve
Bendito aquel que da su vida sin cobrarla.

Que esta luz que alumbra en esta noche
La luz de la cera que une las miradas,
Sea CRISTO RESUCITADO  que nos llama

A vivir en amor,
A ser hermanos,
A luchar por la vida.

Cristo resucitado
Que sale del sepulcro
Y brilla luminoso para el género humano
Y aunque ha muerto
Vive y reina glorioso
Por los siglos de los siglos.

VOSOTROS SOIS LUZ PARA EL MUNDO, VOSOTROS SOIS LA SAL DE LA TIERRA


martes, 24 de enero de 2017

Día escolar de la no violencia. A propósito de la muerte de Gandhi

“La noviolencia no puede oponerse a la violencia. Se opone al inhibicionismo, a la no-participación, significa una actitud activa y militante ante los acontecimientos sociales (Karsz). Arranco esta reflexión con estas palabras de Saúl Karsz, que en sus libros sobre el trabajo social ahonda en la metodología de la noviolencia de Gandhi. Pero lo más importante de la noviolencia es lo que supone de cambio personal para afrontar la realidad social que nos rodea. La no violencia no es pasividad y conformismo, la no violencia es una manera de lucha pacífica contra todo aquello que “violenta” al ser humano y que le daña en cualquiera de los aspectos de su dignidad. No son pocos los autores que han hecho suya aquella máxima de Edmund Burke, el gran político y primer crítico de la Revolución Francesa, que escribió: “lo único necesario para el triunfo del mal es que los buenos no hagan nada”; sin duda dijo una gran verdad. No son los malos lo que harán el mayor daño a la sociedad sino la pasividad de los buenos. De ese sentir era también Eistein quien escribió: El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad. Por eso la trasformación o la “reversión”, como gustan de decir los latinoamericanos, casi más propiamente, exige evidentemente un cambio total de la mentalidad, tan fuerte como el pensamiento de Jesús de Nazaret expresado en la llamada proclamación del monte que aparece en el evangelio de Mateo y cuya confrontación noviolenta con los resistentes al cambio le costó morir condenado en la cruz. No otro camino es el que propone Gandhi, que por lo demás era un admirador de Jesús y del que aprendió que no se pone fin a la violencia respondiendo con violencia a la violencia. Estoy convencido de que tanto los principio de Gandhi, como los de Jesús de Nazaret son perfectamente entendibles desde el punto de vista de la lógica, pero desde el punto de vista de nuestros prejuicios que, de alguna manera, conforman nuestra personalidad, tratamos de impedir dar entrada a actitudes que pueden chocar con nuestro modo de mirar la vida. Es verdad que, en cierto modo, todo es según el color del cristal con que se mira, y es evidente que todos tenemos unas “lentillas” que deforman o enfocan la realidad dependiendo de nuestros intereses, de nuestra formación, de nuestros prejuicios, de nuestros conceptos elaborados para que establezcan o “conformen” de una manera determinada nuestra manera de vivir, pensar y actuar. Todo el choque que como arquetipo se produce entre Jesús y el mundo religioso de los fariseos, escribas y peritos de la Ley, no es otro que el choque de una visión con otra visión incapaz de autocorregirse o cambiarse. Está claro que los principio universales que tanto Gandhi, como Jesús de Nazaret ofrecen como un camino nuevo, no son nada nuevo, y en cierto modo desde el origen de los tiempos, o al menos desde la Gran Transformación, los pensadores, filósofos, hombres de espíritu y místicos de todas las religiones han venido a proclamar de una u otra manera esos axiomas de la convivencia humana que la Revolución francesa resumió en su triple ideal: Libertad, igualdad, fraternidad, pero para TODOS, claro. Pero la libertad choca con el poder, la igualdad con el dinero (riqueza) y la fraternidad con las mil formas de egoísmo insolidario multiplicado por la consagración del derecho de propiedad de los bienes de producción sin ninguna hipoteca social. Después de la revolución, a mediados del siglo XX, e inspirada en algunos de su documentos bases se proclamó la Declaración Universal de los Derechos humanos, derechos que siguen limitados para proteger unos supuestos derechos superiores que se han atribuido a grupos sociales de poder, a los poderes financieros…. O que se han autoatribuido las dictaduras militares y los estados totalitarios. La soberbia destruye la igualdad, la envidia la pone en peligro, sobre la lujuria se monta uno de los más rentables negocios del mundo; en cuanto a la ira, desata la fabricación de armamentos (Otro de los más grandes negocios) para destruir, provocando una carrera hacia la multiplicación de la violencia en el mundo; de la gula, que aunque se puede producir lo suficiente para atender la necesidad de todos los habitantes de la tierra, una minoría destruye alimentos para mantener los precios o le sobra de todo y lo tira, mientras la gran mayoría pasa necesidad e incluso muere de hambre.(Pero esto también es consecuencia de la avaricia) Y por cierto, la avaricia es el deseo insaciable de poseerlo todo, de tenerlo todo, de ser el dueño de todo, aunque eso vaya tan absolutamente contra el principio de igualdad. Por último de la pereza, el ocio inútil, el dulce no hacer nada, nacen muchos males, el menor de los cuales no es la indiferencia y el desentenderse de todo lo que no sea uno mismo. La Noviolencia es un camino arduo, pero como afirma d’Ormesson, “habría que intentar comprender cómo la noviolencia puede ser al mismo tiempo el arma suprema de lucha y/o la suprema dignidad”. Educar en la no violencia empieza en el cole por acabar con el acoso escolar cambiando las actitudes de los niños inficionados ya por una sociedad deseducadora, y cuyos valores están lejos de ser los que necesitamos para inspirar el proceso de aprendizaje humano mediante el cual acabaremos con esas lacras que todos decimos que son destructivas. Siempre expresamos el deseo de que “no se vuelva a repetir” pero para eso hace falta educar con sensibilidad humana, con sentimientos humanos, con dignidad… y yo diría que esto es más importante que todos los saberes que muchas veces nos alejan de ser verdaderamente humanos.

martes, 3 de enero de 2017

JESÚS DE NAZARET

Para mucha gente si hablas de que crees en Dios, les parece un atavismo. Pero hoy creo que es una oportunidad para decir que lo mismo que hay gente que se fía de las enseñanzas de Buda o de otros seres humanos iluminados, otros confían en este Hombre llamado Jesús. Gandhi decía que ningún hindú debería morir sin haber escuchado las enseñanza de Jesús de Nazaret, y que lo consideraba un Maestro excepcional. Hoy se celebra la fiesta del nombre de Jesús (Igual a Josué y otros nombres parecidos de la Biblia). Es el nombre que según la narración de los evangelios de Mateo y Lucas se le dijo a su madre María que le impusieran. En otro lugar se dice que su nombre es Enmanuel que significa Dios con nosotros. Creo que ser seguidor de Jesús de Nazaret, un verdadero maestro de humanidad y proclamador de una buena noticia, la de que Dios es como un Padre; de la fraternidad universal, de que la dignidad del ser humano no está en el poder, ni en la riqueza, ni en la fama o el prestigio, que hay una Utopía en marcha, una evolución revolucionaria que extiende su primera mirada hacia los pobres y los últimos… y que esa “fuerza y esa energía” es el Espíritu que habita en nosotros…Que aquello que proclamaba del Reino de Dios, no es una nueva monarquía absoluta y sagrada, sino una semilla que guarda cada ser humano en el corazón y que crecerá como bondad, como amor, como espíritu de servicio, como profunda y auténtica humildad.. Que intentar ser seguidor de Jesús, nos hará más humanos, más dignos, más fraternos, más solidarios. Probablemente nos queda demasiado por descubrir cuando abramos, sin prejuicios, los libros de los evangelios y descubramos a aquel que nos invitó a descubrir en él la fuerza transformadora que necesita nuestro planeta y sobre todo el cambio radical, la reversión y la conversión de la antroposfera. Volver a re-conocer a Jesús de Nazaret, tantas veces des-figurado, puede ser un excelente propósito para este año en este tercer día en que hacemos memoria de que, coincidiendo con el rito judío de la circuncisión, se le impuso a aquel Niño el “Nombre sobre todo nombre” como escribe Pablo de Tarso.

lunes, 26 de diciembre de 2016

¿Eres tú el que ha de venir no esperamos a otro?

La espera de un Mesías es una constante en la historia de los pueblos y de los seres humanos. La búsqueda de un líder liberador que recupera un nuevo orden en que se viva en la paz y la justicia, es un sueño permanente de la Humanidad. Nos parece que en cada momento de la historia tendría que aparecer alguien extraordinario y espectacular que de un manotazo cambie las cosas y ponga a la humanidad en camino hacia el paraíso perdido. En estos días del pasado adviento se ha leído aquel pasaje en que Juan Bautista, desde la cárcel manda a unos discípulos a preguntar a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro?” Está claro que es muy difícil de entender este modelo de mesías, de salvador, porque ¿Qué puede hacer alguien como este Jesús, pobre, sin un currículum prestigioso, sin carrera, sin armas, sin ejércitos, sin poder, que vive entre la gente pobre, que se acerca a los leprosos, a los marginados a los excluidos; (llamémosles por sus propios nombres: prostitutas, travestis, mendigos, sin techo, parados, homosexuales estigmatizados, desahuciados, discapacitados, dependientes, etc. etc.)? La respuesta de Jesús es una respuesta que no nos acabamos de creer: Esto es lo que hay. No una guerra abierta contra el poder, sino una lucha cuerpo a cuerpo contra el mal que amenaza a los humanos: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los mudos hablan y a los pobres se les anuncia la esperanza. Y lo que hay detrás de esa respuesta es ternura, amor, afecto, misericordia, compasión empatía, espíritu de servicio, entrega, donación… y todo ello surgiendo de una fuerza interior que llena el corazón de la persona. El evangelio lo expresa con imágenes muy significativas: “el Espíritu de Dios está sobre mí”, “lleno del Espíritu Santo”, “movido por entrañas de misericordia”, “compadecido porque estaban como ovejas sin pastor”… Cuando se insiste tanto en el cambio del corazón, en la llamada “conversión” o “cambio de mente, (metanoia en griego), es precisamente porque lo que propone el evangelio es una nueva forma de entender de vida y las relaciones humanas. Lamentablemente, y sin solución de continuidad, la humanidad se ha apoyado en las tres tentaciones rechazadas por Jesús en el desierto: el poder, el dinero, el prestigio. Hoy la humanidad ha naufragado, como repite el Papa y como apunta Bernardo Pérez-Andreo; el capitalismo así, sin atenuantes ni eufemismos, ha conducido a la humanidad a un naufragio y ahora flotamos inseguros y amenazados sobre las tablas que han quedado de ese naufragio. En este naufragio el arca de Noé ha recogido no a todos los animales en peligro de extinción, sino a todos los dueños del dinero y del poder que ellos sí, se ponen siempre a salvo. Pero ¿están realmente a salvo? No hay otra manera de salvar al mundo que mediante este cambio de paradigma que se basa en los valores básicos de Evangelio de Jesús… si queremos podemos llamarlo Humanismo o si se prefiere Humanidad. Porque no otra cosa supone este primer momento cósmico de la Navidad sino que Dios ha escogido la debilidad, la sencillez, la humildad, el amor, en definitiva, como arma de trasformación. Integrarse en ese ámbito profundo que Dios ha compartido haciéndose humano en Jesús de Nazaret es la clave de todo. Desde ese momento Dios sólo actúa a través de “espíritu humano”: llora por nuestros ojos, acaricia con nuestras manos, se encamina con nuestros pasos, ama con nuestro corazón, Él está aquí, en cada ser humano realizando su tarea salvadora. No hay futuro sin la acción humana, de ahí la enorme responsabilidad que tenemos que asumir por las consecuencias de nuestras acciones sobre los demás y sobre el propio planeta, que nos acoge como en una casa grande donde “todavía” sí es posible la vida. Entonces, ¿hay motivos para felicitar la Navidad? Claro, porque cuanta más multitud de humanos se sume a esa causa, se incorpore a ese camino, tome conciencia de que la salvación viene desde abajo, y acepte que Dios no es el todopoderoso que manipula el universo, sino la fuerza y el espíritu que actúa en el corazón humano, para hacer nuevas todas las cosas desde la pequeñez, como toda forma de vida, no será viable el Reino del que hablaba Jesús. Pero, -como apunta Pérez Andreo- “El Reino de este mundo ha anulado la Navidad para que exprese sus valores: consumo, lujo y poder. Es, lo que bien podríamos llamar, el escándalo de la Navidad. De un lado, es un escándalo que se utilice para legitimar el desorden mundial establecido, de otro, la Navidad es, en sí misma, el escándalo de un Dios hecho un bebé. En el primer caso tenemos el escándalo como riesgo, en el segundo como oportunidad”. En conclusión, como dijo en un poema León Felipe: Él vino, nos dejó unas herramientas, nos puso una tarea y se fue. Ahora el futuro es nuestro… Y por supuesto podemos alimentar nuestro espíritu y hacer que se acreciente nuestro dinamismo interior conectándonos a la Fuente de Vida que de mil maneras está a nuestro alcance.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Celebración del día de los difuntos en la ONG Amigos de Ouzal

Las flores son todo un símbolo de la vida, de su color de su perfume, de su belleza, incluso del placer al contemplarlas, pero también valen como símbolo de su transitoriedad, de su fugacidad y de cómo tan pronto se ajan y se marchitan a la intemperie. Nuestra vida ha pasado desde la pequeñez de una semilla hasta hacerse bella y plena pero siempre amenazada por la frustración y segada finalmente por la guadaña de la muerte. Pero a pesar de ello y por encima de todo, el día de los difuntos es un día de sol, de luz, de flores de recuerdos, de glorificación de la muerte, de exaltación de la mayor limitación y pobreza humana… Un día de esperanzas Recordando unos días después esta resonancia festiva de los muertos, vamos a hacer un gesto, silencioso, solidario, para que lo inmediato de nuestros propios muertos, no nos lleve a olvidar los muertos ajenos, los muertos olvidados. Que no nos olvidemos del dolor de otras familias lejanas, perdidas, que nunca saldrán en las noticias de los medios de comunicación. De manera particular vamos a hacer presentes a los muertos que mueren por nuestros olvidos, por la estupidez humana, porque, en parte, nosotros nos hemos cruzado de brazos. No queremos olvidarnos de los muertos sin entierro, sin lápidas, sin honor, de los que mueren a causa del fanatismo o de la locura de otros. Nuestra celebración es un recuerdo para los muertos de todos. Nuestra celebración es un aliento para una vida consciente y de donación, una vida para desvivirse, y no dejarse morir tontamente sin luchar por la vida, procurando no perderla, sino entregarla completamente.
Ofrenda: Una flor por las víctimas de la violencia machista. Una flor por los miles de niños que mueren a diario, víctimas del hambre y de nuestro olvido. Una flor por las víctimas del SIDA, y por los enfermos terminales Una flor por las víctimas de todos los terrorismos y fanatismos, en particular por los víctimas de la violencia salvaje del ISIS. Una flor por los palestinos muertos a manos del fanatismo israelí Una flor por los Israelitas muertos a manos de los suicidas fanáticos palestinos. Una flor por aquellos que frustraron su camino a la vida desde el seno de sus madres. Una flor por todas las víctimas caídas a consecuencia de las guerras que sacuden oriente medio y el este de África (en Siria, Irak y Yemen) Una flor por los niños y niñas víctimas de las minas anti-personas. Una flor por los que han muerto sin haber vivido. Una flor por las niñas desfloradas para la prostitución. Una flor por las víctimas de la ablación genital femenina Una flor por las 200.000 víctimas de Hirosima y Nagasaky Una flor por las víctimas de todas las dictaduras intransigentes. Una flor por los que todavía descansan en las fosas comunes y en las cunetas, asesinados violentamente Una flor por los que buscando el paraíso han encontrado la muerte a bordo de una patera en el Mediterráneo, que hoy se ha convertido en un enorme cementerio de vida frustradas . Una flor por aquellos que, no sabemos por qué, prefirieron huir de la vida. Una flor por las víctimas de los accidentes de trabajo, víctimas al mismo tiempo del egoísmo que los instala en la inseguridad. Una flor por los niños fallecidos bajo la escuela en los terremoto de Italia y Haití o víctimas de los huracanes Una flor por los muertos en accidentes de tráfico, Una flor por todos los muertos olvidados. Una flor por todos los que han muerto víctimas de su compromiso con los pobres. Una flor por todos aquellos que han sido asesinados por ser seguidores del crucificado Una flor para quienes entregan a diario su vida a la causa del ser humano. Una flor para aquellos o aquellas que nunca reciben un detalle de amor.. Una flor para todos los niños y niñas necesitados de afecto y cariño. Una flor para aquellos que hoy luchan por escapar de la droga, del alcohol, del fanatismo, de la marginación, intentando recuperar su dignidad humana. Una flor por todas las familias que lo siguen pasando mal como consecuencia del paro y del trabajo precario Una flor para dar fuerza a los que hoy sienten reciente la ausencia, y están sumidos en el dolor y la tristeza. Una flor finalmente, por África por Camerún por Ouzal, porque se ahuyente el miedo y que se recupere la posibilidad de un futuro esperanzador

viernes, 14 de octubre de 2016

Llegar a San Calixto

Otra vez al silencio. Otra vez a la soledad. Otra vez a meditar, a pensar, a reflexionar. Otra vez a colocarse vacío y pobre, débil y leproso ante Aquel que pasó por el mundo haciendo el bien y curando a todos. Otra vez a recorrer los mismos pasos, a plantearse las mismas interrogantes, a quedarse mundo ante el infinito contraste entre este yo y ese Tú inconmensurable. Otra vez a recargar de su espíritu las baterías que han perdido energía y voltaje, que ahora, de nuevo dan una luz más apagada y mortecina. Otra vez a mirarte cara a cara, a escuchar en silencio tu mensaje de vida, a contemplarte en los caminos, tan lejos de los templos, acercándote a todos los marginados de la tierra que pisabas; otra vez a aprender de ti aquello mismo que el tiempo va enfriando. Otra vez a mirarte resuelto a darlo todo a dejar tu vida como señal de amor supremo. Otra vez a asumir coherente tu misión, hasta cargar con la cruz del condenado. Otra vez a despert
ar la luz, la alegría y la esperanza al ver que el Padre te arranca de la muerte para convertirte en el Cristo esperado, que culmina el camino, hecho ya el punto omega de todo los que asciende, de todo lo que converge, de todo lo que humaniza y diviniza al hombre y a mí mismo. Otra vez a encontrarte camino de Emaús en los momentos de las desilusiones, para escuchar de nuevo tu palabra que llena el corazón y despierta las lágrimas. Otra vez a conocerte como cada año en el partir el pan y otra vez regresar para seguir haciendo pobremente de testigo de la alegría del Evangelio, de la luz y la esperanza del Evangelio. Otra vez aquí para escucharte proclamar las bienaventuranzas y todo entero tu sermón del monte. Otra vez aquí para perder mis miedos y retomar la parresia. Una vez más ahondar en este Jesús que rasgó el velo que nos ocultaba la divinidad para buscar en él un rostro humano y dar sentido a toda vida llamada al desprendimiento y la generosidad, a la entrega, al amor desinteresado, a la donación de la vida en una única forma de sacrificio vinculado a Jesús dándose en la Eucaristía, prefigurando el don gratuito de su vida como signo de perdón y reconciliación. Otra vez aquí para escuchar de nuevo ven y sígueme, dichosos los pobres y los pacíficos y los misericordiosos y los limpios de corazón y los que luchan por la justicia. Otra vez aquí para recordad tus palabras “los que lo dejen todo por mí, recibirán el ciento por uno y una vida enteramente nueva. Otra vez aquí para lo mismo, para remover la savia congelada, para romper con el silencio la ruidosa rutina de los días; para restaurar la casa desconchada y llena de polvo en sus rincones. Otra vez aquí para deshollinar la chimenea, para podar las ramas y los sarmientos secos, para injertarnos de nuevo en el troncón originario de la Vid con mayúscula; para borrar de la memoria los archivos inútiles, para reconstruir los fragmentos dispersos, para reiniciar el desordenado almacén de este pecé (PC) ya viejo, cargado de morralla y acaso también de malévolos virus. Aquí estoy, Jesús y aquí estoy, compañeros, para hacer juntos estos días de camino y encontrarnos, de nuevo, buscadores, viatores, caminantes, con las mismas flaquezas de siempre y el mismo corazón abierto del Maestro..

miércoles, 7 de septiembre de 2016

De la exuberancia a la sencillez

El acentuado sentido del dogmatismo y del rigor doctrinal, hace que muchas veces cuando se va a hablar de la Iglesia oficial se empiece a darle vueltas al asunto con la intención de no decir nada que pueda molestar o que pueda hacer sentir mal a los feligreses, creyentes o parroquianos. Confundir cualquier reflexión crítica o histórica con un ataque o una persecución no es extraño por parte de quienes se creen tan firmes poseedores de la verdad absoluta, que toda reflexión se considera antieclesial. Me vienen a la memoria aquellos versos de Antonio Machado de la vieja España del nacional catolicismo, que yo entiendo una verdadera aberración, como considero aberración el fanatismo de los integristas musulmanes. La España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María, de espíritu burlón y alma inquieta… Noto que cada día más existe una regresión a formas y modelos de vivir el cristianismo, muy lejos de los “signos de los tiempos”, sino que tratan de anclarse en el pasado y en un pasado cada vez más recargado de ornamentación, decoración, adorno, exuberancia, plata, oro, palios, candeleros, ciriales, turíferos, procesiones, rosarios, exposiciones, capas pluviales, dalmáticas, roquetes… con una sensación de que vamos caminando hacia la periferia de lo cristiano en lugar de hacia el centro de lo esencial, que yo entiendo que es el “seguimiento de Jesús pobre y humilde” como decía san Ignacio. En particular la proliferación de procesiones, cada vez de más imágenes de santos o santas, Cristos o Vírgenes, me parece desmedida, por más que las devociones no tengan límite y las ganas de “lucir” los pasos o lucirse tampoco lo tenga. Desde hace tiempo vengo comprobando que estos cambios en gran parte son producto de la mímesis y de la ósmosis que se produce entre las comunidades, mirándose unas a otras y no tanto por mirarse en el espejo del Evangelio y ahondar en lo más bello y lúcido del mensaje de Jesús. En cuestiones de Semana Santa, Sevilla es la madre de todas las semanas santas y el modelo arquetípico de cómo tiene que ser una procesión o una cofradía. Por eso el empeño en que los pasos tengan cada vez más metales preciosos, más orfebrería y la mímesis haya llegado también a la imitación total de los costaleros, o de los pasos de Málaga con largos varales y un gran número de personas llevando los pasos, pero lo mismo que antes arrimaban el hombro vestidos de la misma manera que habían ido a la procesión, ahora van todos con su uniforme, tanto los costaleros como los o las santeras. El traje y la corbata constituyen una característica más de este estilo que, desde mi punto de vista, es regresivo y se aleja de la sencillez. Las chicas y mujeres de mantilla es otra de esas conquistas de mimética lograda con el tiempo. Siempre me ha parecido un signo de ostentación y señorío y de cierto sabor rancio a símbolos del viejo nacional catolicismo, cuando había una connivencia total entre los poderos políticos de la dictadura franquista y los jerarcas de la Iglesia, amantes de palios, dignidades títulos, doseles y rica y dorada ornamentación. Y el modelo del Rocío se ha convertido en el ejemplar en que toda Hermandad romera, ha de copiarse y asimilarse. A veces con más valor de lo puramente exterior, que del sentimiento y espiritualidad del seguimiento. Alguien me ha respondido a un comentario en mi perfil de Factbook que las procesiones son algo no necesario pero puede ser complementario. De acuerdo. Otro comentarista añade: “las procesiones para los cristianos son una manifestación pública de nuestra fe y nuestro amor a Dios” Aparte de no compartir otros aspectos de dicho comentario se me ocurre que habría que analizar a fondo qué es eso de “manifestar públicamente nuestra fe” Recuerdo aquellas palabras de Jesús que se recogen desde el principio del capítulo 6 del Evangelio de Mateo: “Cuidado con hacer vuestras obras de piedad delante de la gente para llamar la atención; si no, os quedáis sin paga de vuestro Padre del cielo” (versículo 1). Pero luego dice lo propio de la limosna, del la oración, del ayuno, y todo el capítulo sexto es digno de una reflexión profunda y detenida, porque va más allá de la literalidad, como ocurre con la parábolas. Porque es más cierto que lo que dice mi comentarista de Factbook, porque Jesús nos dejó un encargo: “Un mandamiento nuevo os doy que os améis unos a otros como yo os he amado…en esto conocerán que sois mis discípulos, (esa es la verdadera manifestación pública de nuestra fe y nuestro seguimiento de Jesús) en que os amáis los unos a los otros.(Juan 13, 34-35). Evidentemente que todo lo demás puede ser un instrumento complementario para reforzar la decisión del seguimiento del evangelio, pero ese es exclusivamente su objetivo. Lo único que yo me pregunto es precisamente ¿no es más necesario interiorizar la fe que exteriorizarla públicamente? Ya comenté en cierta ocasión mi extrañeza cuando hablé con una chica que se había confirmado, y reconoció que no había leído los evangelios; ni su lectura había formado parte de la preparación catequética. ¿Qué significa la confirmación para la vida y el compromiso de los bautizados?, ahora que los confirmados se cuentan por centenares en la comunidad? Es llamativa la reflexión que hace Fernando Etchegaray Valenzuela de la Pontificia Universidad católica de Chile respecto de este retroceso en la perspectiva: “En términos generales eso sucede porque en la selección de los clérigos se privilegió la obediencia a la inteligencia, la sumisión a la autonomía, la autosexualidad a la heterosexualidad, la devoción a la evangelización, la sacristía a la acción social, el ritualismo al profetismo, la divinización a la encarnación, la separación a la inmersión, la.......a la......etc” No hay nada como acercarse a conocer el Evangelio, o en su caso leer la exhortación del papa Francisco “Evangelii gaudium”, La alegría del Evangelio. Allí descubrimos que el papa llama a esta religiosidad popular “una verdadera espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos”, para convertirla siempre en un gesto evangelizador, que pone de manifiesto el compromiso cristiano con la trasformación de la realidad social y se abre a nuevas formas de poner de manifiesto nuestra fe y nuestro amor a Dios, cuya medida es el amor a los humanos. (I Juan 4, 20-21)

Ojo por ojo y el mundo se quedará ciego (Gandhi)

Hay un mundo que está naciendo ahora. Siempre ha habido un mundo naciendo, pero este que está tomando forma poco a poco, después de las numerosas crisis, y después de esta nueva depresión parece que se nos presenta como especialmente conflictivo y difícil de manejar. Será necesaria una larga meditación a las profundidades de lo humano para encontrar salidas que permitan sobrevivir y o que impidan que la biosfera se quede arrasada por la desorientada noosfera. No es ya sólo que el cambio climático avanza sin que le pongamos freno decidido, No es sólo que el abismo de la pobreza vaya abriéndose cada vez más a mayor profundidad y con mayores dificultades para pasar de un lado a otro. No podemos parar las migraciones de quienes buscan pan, ni de los que buscan poder vivir en paz. Haría falta un ejercicio profundo de osadía y que alguien como lo hizo una vez Hans Küng, convocara a todos los jefes religiosos del mundo y lograr acabar con los fanatismos y las supersticiones que son destructivas para el ser humano y discriminadoras respecto de la mujer y de su función en la sociedad. Las religiones monoteístas o religiones del Libro se han mostrado a lo largo de la historia como religiones altamente violentas y, contra los mandamientos de sus reveladores, sembraron y aún siembran violencia y la muerte. Y quizás lo único importante que deberían sacar de sus religiones es que si creen en un dios o en más de uno, mantengan la seguridad de que lo que Dios pretende es ayudar al ser humano a ser feliz, a vivir en paz, a tener actitudes positivas hacia sus hermanos los otros seres humanos; que toda religión tiene por referente a una divinidad, pero que tiene por objeto de sus principios, su razón de ser y sus preocupaciones los seres humanos, todos los humanos. Apuntaba el teólogo J. I. Gonzállez Faus, citando a Isaías, que “la paz es fruto de la justicia” y que por ende la guerra y la violencia tienen su tierra de cultivo en la injusticia. Haría falta de inmediato una Unión de Naciones mundiales en que se establecieran unas mínimas medidas de obligado cumplimiento sin que nadie pueda ejercer el derecho a vetar a la mayoría. Haría falta que los cascos azules fueran un fuerza verdaderamente disuasoria. Haría falta que hubiera un gobierno mundial y que las resoluciones de Naciones unidas o del Consejo de Seguridad fueran verdaderamente ejecutivas y ejecutadas, sin que queden impunes quienes la incumplan. La sangrienta acción terrorista yihadista en Francia, ha puesto una vez más de manifiesto que el mundo es una aldea global y que en cualquier sitio hay posibilidad de hacer gestos así aunque sean puntuales, porque “no todo está bajo control”. Pero lo preocupante es que todavía no nos hemos percatado en occidente de que este “nuestro modo de vida” y esta sociedad del bienestar tiene que pasar un periodo de decrecimiento para que llevemos una vida más austera, más moderada en el consumo, porque no podemos ir expoliando las riquezas de otros países para vivir nosotros a cuerpo de rey empobreciendo por ese procedimiento a países y continentes enteros, con nuestra manera de colonizar y expoliar las riquezas de África o América Ya profetizó Rafael Sánchez Ferlosio que “Vendrán más años malos y nos harán más ciegos”. Y como si fuera consciente de que eso de amarnos los unos a los otros es utópico, acaba diciendo en una de sus frases lapidarias: “babilonios somos, dejémonos en paz los unos a los otros como buenos hermanos” Al menos eso.

De filias y fobias

Pienso que en la vida hay que enfrentarse a numerosas situaciones en las que cada uno toma la decisión de optar por una respuesta o una visión sobre cualquier tema o asunto que no necesariamente va contra la otra visión, sino que no la comparte y mantiene una línea de pensamiento que no tiene por qué ser compartida por otros, pero tampoco necesariamente tildada de falsa o negativa. Esto ocurre muy habitualmente en el terreno de las ideas políticas e incluso en determinadas teorías económicas. Afortunadamente no todo el mundo piensa igual, y en la confrontación y el debate de las ideas se encuentras manera de convivencia y de solución de problemas que nacen precisamente de encontrar una línea o un espacio abierto desde los que mirar y no sólo un punto de vista que necesariamente es límitado. Un ejemplo claro es la visión que sobre el sistema capitalista hay en la sociedad, desde los que lo defienden como lo único posible y quienes creen que aun teniendo sus valores no resuelve los problemas de las mayorías en razón del principio mismo o base del capitalismo (invertir dinero para ganar más dinero) con lo que lleva necesariamente al aumento constante de la desigualdad. Hay que reconocer que existen también posicionamientos distintos ante el hecho de la homosexualidad. Esa diferencia de percepción del hecho homosexual, (léase también lesbianismo, transexualidad y bisexualidad) no tiene por qué traducirse en homofobia ni entenderse como tal. De modo parecido hay quienes ante el hecho de la liberación de la mujer (lo que ellos llaman “ideología de género”) lo perciben como un camino que lentamente arrebata a la mujer su papel natural de madre y educadora y en ese sentido no comparten al menos en parte esa llamada ideología, porque la perciben como una manipulación que acabará con las peculiaridades y características de la mujer. Cuando hablan en ese sentido, su discurso puede ser considerado “políticamente incorrecto”, pero una forma de disentir, no tendría por qué generar una “fobia” contra otra manera de entender la perspectiva de género, porque expresar una opinión contraria no debe considerarse en si mismo una forma de fobia. Lo mismo que no se debe ser homófobo, tampoco nadie puede obligar a alguien a ser homofílo, en el sentido de que comparta todos los planteamientos que se hagan desde movimiento gay (GLBT). Lo obligado es mantener un nivel de respeto y de consideración hacia el diferente, porque lo que debe caracterizar nuestras relaciones sociales es el respeto al otro y en último caso una manera tolerante de aceptar las diferencias. De cualquier manera ningún tipo de “pensamiento único” ha de imponerse a la sociedad en su conjunto. Eso podría convertirse en una forma de fanatismo que por principio es una manera de no aceptar a los que no piensan o son como yo. Hemos de decir no a la homofobia en el sentido de cualquier agresión, insulto o ataque personal a alguien por su orientación sexual. Pero también decimos no a que esto signifique caer en un pensamiento único en el que se admita la visión monolítica favorable a la práctica homosexual como un hecho ideal y positivo y a promocionar en el contexto social, sin poder disentir con respeto de esta idea. Hasta el punto de que se condene a cualquier disidente de este pensamiento políticamente correcto como homófobo, y por lo tanto a perseguirlo en nombre de la tolerancia. En otro terreno. Hagámonos algunas preguntas al caso. Si soy vegetariano, y creo que es mejor no comer animales, no por eso me convierto en carnófobo. Si defiendo la fidelidad en el matrimonio, y por lo tanto no me parece bien el adulterio, ni la promiscuidad sexual ¿soy heterófobo? Si opto por votar en estas elecciones a Unidos Podemos porque sus ideas y planteamientos me parecen coherentes, ¿tengo que “odiar” las otras opciones y convertirme en un sociófobo, en un pepéfobo o en un ciudadanófobo. Este problema se produce a veces frente al pensamiento moral cristiano. Si uno entiende como cristiano que la Biblia contempla el matrimonio como sólo entre un hombre y una mujer, y no entre dos personas del mismo sexo, ¿por eso es homófobo? Da la impresión que se castiga al que no es homófilo. ¿No será que estamos cayendo en el pensamiento correcto único y la disidencia se persigue como intransigencia y con intransigencia? ¿No será que estamos confundiendo relativismo con fundamentalismo? Lo más complejo se presenta, precisamente, cuando se trata de creencias religiosas, y los criterios de fe se confrontan con actitudes éticas que pueden entrar en conflicto con esas “verdades de fe”. Así que en ese sentido, defender una verdad de fe fundada en creencias religiosas nunca ha de convertirse en un rechazo o menosprecio a las personas. Precisamente desde el criterio del amor, el creyente debería estar obligado a amar al que disiente y a no juzgarlo, aunque no tenga por qué compartir los principios por los que el otro guía su vida. En todo este asunto es necesario un gran respeto a la persona y un gran sentido crítico respecto de los principios, no mezclando lo personal con lo doctrinal.

Un bosque animado y peligroso

El bosque, en apreciación de Manuel Vicent en una columna de El País, es en los cuentos la metáfora de todos los peligros que acechan generalmente a los niños, protagonistas de tantos cuentos clásicos, desde Hansel y Gretel hasta Caperucita roja y el lobo. Pero arrastrando la metáfora de los cuentos infantiles a la realidad actual Vicent va aún más lejos: Ahora los verdaderos peligros no son los ogros, brujas, leñadores, lobos, osos u otros animales como dragones o bestias salvajes con forma humana que habitan en oscuros bosques de la fantasía. Una amenaza mayor se cierne sobre la infancia y sobre los adolescentes, sobre todo porque el bosque -dice-, es ahora la red, posiblemente una red en la que podemos ser cazados, como un insecto cae en la tejida por la araña. Internet puede ser en su inmensa variedad y riqueza un verdadero mar bravío en que olas, tempestades y galernas pueden hacer naufragar a quien navegue en sus procelosas aguas. Incluso las redes sociales cuya finalidad debería ser abrirnos espacios para el encuentro, son a veces una ventana que se abre a las intimidades de otra gente que de alguna manera se desnuda ante los demás y pone de manifiesto sus intereses, sus debilidades, sus gustos, sus sueños, pintando así para la galería, el retrato de quién es quién, completando inadvertidamente su propio currículun vitae Otras veces los insultos y el acoso son armas que se utilizan desde la redes para hundir al otro como en un tétrico juego de los barquitos. Por otra parte la Web ofrece tantos espacios abiertos al disparate, a la maldad a la pornografía, a la deformación de la historia, tantas veces cargadas de incertidumbre e inseguridad, de falsedades interesadas… que en ese bosque podemos acceder a los más bellos paisajes como a las más horrendas caricaturas de la realidad y a las más nefastas de las influencias. Quizás los bosques de los cuentos presentaban algunos peligros, pero estaban alejados, había que caminar hacia ellos y adentrarse en su tenebrosa oscuridad. Pero ese bosque metafórico de la red hoy lo llevamos en el bolsillo y puede constituir el mayor de los peligros la adicción a poner nuestros ojos en la pantalla y teclear eligiendo con nuestros dedos el camino que puede llevarnos a dañarnos o destrozar nuestra personalidad. La prudencia y el sentido común tan necesarios, no siempre están tan presente como sería de desear.

viernes, 26 de agosto de 2016

¿Aplicar la misericordia o el Derecho canónico?

Hay varios pasajes de los evangelios en que es claro que Jesús acaba escandalizando a aquellos que representaban la ortodoxia y la fidelidad literal a las normas establecidas en la ley judaica. Es notorio lo que ocurrió en casa del Simón, es notorio lo que pasó con la adúltera a punto de ser apedreada, es notorio el enfado que producía la actitud de Jesús de poner al “hombre” por delante del sábado. Es notorio que cuando Jesús hablaba de colar el mosquito y tragarse el camello, que cuando curaba en sábado o cuando sus discípulos cogieron unas espigas para trillarlas con sus propias manos y poderse llevar algo a la boca, pues estaban hambrientos… siempre arrancaba la indignación de los “guardianes de la ley”. En fin todo eso levantó a los fidelísimos y ortodoxos fariseos para poner el grito en el cielo y escandalizarse, porque para Jesús no había más ley que la del amor y el amor va más allá de toda ley. Mientras no seamos conscientes de la penosa evolución que sufrió el cristianismo desde el punto y hora en que se convirtió en la religión “oficial” del Imperio Romano, y de la evolución mantenida a través de largos siglos de ser “colonizado y manejado” por el poder de los imperios, hasta convertirse ella misma, la Iglesia, en una institución rodeada de poder, de lujo, de grandiosidad y de una parafernalia propia del sacro romano imperio romano germánico o del imperio Carolingio hasta lograr el máximo poder sobre reyes y emperadores del mundo, impartidora de dignidades y territorios, dotada de un gran ejército, volcada en atender los intereses de determinados reyes;… mientras no nos demos cuenta que la evolución del papado, de ser un servicio a los cristianos se convirtió en una monarquía absoluta, autoritaria e intransigente muy lejos del espíritu de aquel al que dice seguir y que fue eso en gran parte lo que provocó, primero la separación de las iglesias orientales hoy llamadas ortodoxas, y lo que impulsó luego la iniciativa, a mi parecer sincera, de la reforma luterana, frente a un primado ejercido con un espíritu antitético al de Jesús de Nazaret, que hubiera llegado látigo en mano a arrojar de nuevo a los mercaderes de un templo construido con el poder del dinero y el sufrimiento de los pobres, con aquella magnificencia que hizo exclamar a Jesús “no quedará de ti, piedra sobre piedra”, refiriéndose al templo, templo que nunca estuvo dentro del proyecto de Jesús. El templo de Dios es el corazón de los humanos, y como “comunidad” formamos un templo en el que Dios viene a habitar en él. Dios no necesita un templo construido por la mano del hombre. Pero, es verdad, han ido pasando tanas cosas, nos hemos acostumbrado a tantas formas, ceremonias, pensamientos, modos de ver nuestra fe y nuestro cristianismo, que ahora, volver a ponernos en la mirada de aquel Jesús, marginal y vagabundo, aquel Jesús mal vestido y acompañado de unos pobres pescadores, seguido de enfermos, leprosos, mujeres, y chiquillos, recorriendo caminos de Galilea, enfrentándose a letrados, escribas, fariseos, sacerdote y senadores con su manera de comportarse tan “libertina” y “arbitraria”, nos parece tarea imposible. Escuchar aquello de “misericordia quiero y no sacrificios” suena de una manera muy distinta en sus labios que en la prédica de los sacerdotes. Decir: anda vete, yo tampoco te condeno, parece imposible hoy en que “la doctrina y los cánones del derecho” son más importantes que el acercamiento misericordioso a las personas. Creo que el tiempo nos ha hecho engolarnos con la verdad, ensoberbecernos con la doctrina, endiosarnos arropándonos en la “palabra de Dios”. Nos hemos convertido en intérpretes absolutos y seguros del saber lo que Dios quiere en un arrebato de soberbia y engreimiento, interpretando lo que nos interesa y a nuestro favor de las palabras más claras de Jesús: “no será así entre vosotros, el que quiera ser el primero que sea el último de todos”. No os hagáis llamar padres ni maestros, ni excelencias, ni os deis títulos, porque uno sólo es vuestro maestro.

domingo, 21 de agosto de 2016

Autenticidad versus fanatismo. Los fanáticos no son locos sino creyentes hasta la médula. Así lo entiende el antropólogo Manuel Mandiane. Este hecho es el que hace temible el fenómeno del terrorismo islámico, pero también toda otra forma de fanatismo de cariz religioso. Creer al pie de la letra e interpretar literalmente las escrituras que hemos dado en llamar “sagradas” y llevar la fe a ultranza más allá de la razón, puede conducir a los “creyentes” a la más absurda de las irracionalidades, despreciando la vida de los demás y creyendo que se puede “matar en nombre de Dios” Que la desacralización haya llevado a caer en el terrible error de desoír aquella advertencia del Evangelio: “no podéis servir a Dios y al Dinero”, y que éste se haya convertido en el falso dios al que se vuelven todos los no creen ya en otra cosa que en el poder de la riqueza, o en poner al dinero como el becerro de oro al. que adorar, es un hecho que (aun con toda su gravedad) no puede justificar la acción terrorista indiscriminada como un ataque a lo que representa la cultura occidental secularizada, profana y laica. No puedo entender tampoco el fanatismo israelí respecto del territorio palestino más que como una fe intransigente e inamovible en que el territorio de Palestina fue la heredad que Yahvé entregó a su pueblo y que el Israel actual (al menos la facción ultraortodoxa) no deja de contemplar como irrenunciable la idea de quedarse con todo el territorio sin aceptar bajo ningún concepto la doble nación Israel y Palestina. Este es el fanatismo judío. No son locos, -como dice Mandiane- son creyentes absolutos que interpretan a pie juntillas lo que está escrito en el libro, por absurdo e ilógico que hoy pueda parecernos. En el posmodernismo se dice que Dios ha muerto, no porque haya sido destruido, sino porque todo lo que se oponga a un humanismo razonable y racional, por religioso o revelado que nos parezca no entra fácilmente en los cálculos de la gente de hoy. ¿Es compatible creer con pertenecer a una cultura científico-técnica, como la de hoy? Muchas personas inteligentes, en diversos momentos de la historia, han creído. Esto lleva a pensar que creer no es necesariamente una actitud fanática, irracional, sino que es compatible con una actitud racional, que enjuicie y valore las verdades que se creen, porque es la razón únicamente la que nos puede conducir a la fe, como una decisión libre que entiende razonables la creencia, y siempre como un “obsequio razonable” del que habla el apóstol Pablo. Pero si creer o la fe son actos libres y orientados por la razón es un verdadero disparate querer imponer la ley musulmana, (o la Sharia como una concreta interpretación más restrictiva). Como lo era también la imposición de la fe cristiana en aquellos tiempos en que la espada iba abriéndole camino a una fe mal entendida, pero que no se corrigió ni siquiera a instancias de aquellos que denunciaron determinados disparates, como Francisco Suárez, Francisco de Vitoria, o Bartolomé de las Casas Por todo esto lo que verdaderamente importa de las diversas formas de creer o de las distintas fe que puedan tener los seres humanos, inspirados en diversas fuentes y dando diversos nombres al Único, Creador y origen de todo, es ser auténticos y entender tanto la Yihad como el concepto de misión como el compromiso de “ofrecer” a todo ser humano un camino cuyas características fundamentales –aunque dirigidas a lo más trascendente- deben ser el humanismo y el respeto a los derechos humanos; y solamente dentro de este marco habrá que plantear el principio de tolerancia o intolerancia. Que cada creyente sea consecuente con su fe y que trabaje por humanizar el mundo. No otro mensaje es el que –al menos los cristianos- tenemos de nuestro Maestro: Dios inserto en el proyecto humano para la plena Humanización. En otro tiempo con la intransigencia y la intolerancia también la Iglesia católica, persiguió, condenó, pasó a cuchillo y quemó en la hoguera; llevó a cabo cruzadas contra el infiel y confundió sin duda el estilo humilde y misericordioso de su maestro Jesús hasta “perder los papeles”. No lo olvidemos para entender lo que sucede; pero lo que ha de condenarse ha de condenarse sin paliativos porque ni se justifica en los libros sagrados ni tiene sentido desde un humanismo elemental del que hemos de partir siempre creyentes y no creyentes.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Viaje de ida

Este mes nos trae irremediablemente a la mente la muerte, la inmisericorde poseedora de la guadaña fatal que arrebata nuestro bien más preciado amable y amado. La visita a los cementerios se ha convertido en los primeros días del mes, “por los Santos”, en un obligado camino de ida y vuelta para quienes se acercan a colocar unas flores junto a la lápida de aquellos que se nos fueron en este viaje de ida sin billete de vuelta. Un cierto nihilismo está detrás de todos los miedos a la muerte. Mientras vivimos tratamos de olvidar que día a día, avanzamos, como ya dijo, según creo, Simone Well, hacia un lugar adonde no queremos ir. Simone Well era mística, pero ni siquiera la mística te roba del todo ese temor que el misterio de la muerte esconde en el instante siguiente a tomar el tren que te lleva, no sabemos cómo, si a un viaje astral, si a un viaje sideral hasta fundirnos con el infinito, o si nos integramos –con la fe- en el sustrato mismo de la divinidad, como en una fusión total con el fuego último que hace aflorar toda forma de vida. El hecho es que –no sé si para olvidarnos o para tenerla más presente- en estos días hemos llenado de luz, de flores, de color, la tristeza del luto que tan a menudo nos visita. No sé si los excesos de flores, de luces, de decoración, van formando parte de los ritos y hábitos que impone la sociedad de consumo, porque no queremos “ser menos” que nadie o que parezca de nuestros seres queridos no son bien recordados. El hecho es que sorprende tanta exuberancia
. En fin todos tenemos comprado el billete, como cuando vas a volar en avión, pero solamente lo validan el día en que realmente te embarcas. Esta incertidumbre debería quizás impulsarnos a considerar con menos énfasis las cosas del presente y valorar cómo vivimos y cómo nos comportamos. El evangelio de Mateo, capítulo 25, nos muestra una parábola que nos recuerda qué es lo único que podemos llevarnos de valor en esta travesía. Al menos valdrá para los creyentes.