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domingo, 18 de julio de 2010

Divino y Humano.A mi me gustaría que el Dios de las religiones fuera más humano

Una de las obras del recién fallecido intelectual egipcio Abu Zayd, empeñado en la modernización del Islam, es Repensando el Corán: hacia una hermenéutica humanista
La perspectiva desde la que por mi parte miro el cristianismo, sus libros y sus dogmas no es otra que la perspectiva humanista, de la que no podemos alejarnos, recordando una y otra vez que el objeto de la religión no es Dios sino el hombre, su futuro, su salvación, su esperanza, su destino. Ni tampoco podemos olvidar que lo central del cristianismo es precisamente el misterio de la encarnación o humanización de nuestro Dios, pues en Jesús se nos hace visible la nobleza humana de Dios, y se convierte así en la imagen visible del Dios invisible.
Juan José Tamayo en el artículo In memoriam que le dedica a Abu Zayd el día 11 de julio en El País, destaca que este intelectual egipcio “entiende el Corán no como un texto muerto, congelado en el tiempo y objeto de citas para justificar posturas conservadoras o liberales, sino como fenómeno vivo, discurso abierto, etc.”

De la misma manera he pensado siempre de los textos bíblicos y del Nuevo Testamente en que se fundamenta nuestro percepción religiosa del movimiento de Jesús, puesto de manifiesto en los cuatro evangelios escritos del canon.Yo me pregunto, por atender a una realidad actual ¿cómo se puede creer en un dios tan salvaje que manda y ordena la lapidación de una mujer por mala que ésta sea… o que puede parecerle hermoso que un fiel cargado de explosivos ocultos se inmole para alcanzar el cielo destruyendo a un montón de personas que en lugar de suníes por ejemplo, son chiís.
Cómo podía Dios ser tan brutal y desconsiderado para ordenar la mutilación de la mano de un niño por robar en un mercado (seguramente, además, por pura necesidad) o para mandar a la hoguera a los disidentes por muy recalcitrantes que estos fueran. O ¿cuáles eran las bases para considerar a una mujer bruja y cuáles las razones teológicas para condenarla también a la hoguera. ¿Cómo pueden entenderse las luchas habidas entre creyentes por motivos de opinión hasta el punto de desencadenar guerras y asesinatos como la de los hugonotes en Francia y tantísimas otras guerras de religión como en Irlanda y actualmente en medio mundo ente religiones distintas o entre facciones distintas de una misma religión?
Yo propugnaría, no la descalificación general de los libros sagrados, sino una nueva interpretación de esos textos, mirándolos a una nueva luz y dejando al margen, incluso, aquello que es menos que humano por considerarlo desde nuestra pobre y elemental condición de seres con sentido común, indigno totalmente de un Dios.
¿Cómo pudimos en la primer época del cristianismo darnos cuenta de las aberraciones que encerraba la mitología griega y romana y aquellas absurdas teogonías de Hesíodo, y no somos capaces de hacer un juicio sensato sobre las aberraciones que se desprenden de algunos aspectos de la historia de Israel, o de nuestra propia interpretación de los textos no judíos, sino ya neotestamentarios y del mismo evangelio?
Por qué no somos más exigentes en realizar un análisis y un estudio más abierto y claro a propósito del sentido “revelador” de los textos y de qué modo o manera se pueden considerar como palabra literal de Dios?
Me deja tembloroso y lleno de miedo la alegre interpretación apodíctica y el atrevimiento de infalibilidad con que se cierran a cal y canto los dogmas cristianos y las palabras de los papas, como afirmaciones no sometidas a nuevas interpretaciones sino consolidadas y monograníticas. Y ¡Ay de aquel que se atreva a intentar releerlas contando con la sindéresis de la razón o el llamado “sentido común”.
Entre otras cosas se han proclamado dogmas que seguramente eran absolutamente innecesarios, siendo así que algo tan fundamental como el mandamiento del amor no es un dogma y si lo es, por poner un ejemplo, la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo o la Infalibilidad del papa, cosas ambas que necesitarían todo un rocambolesco análisis de textos y tradiciones para encontrarle no sólo una razón sino un sentido desde el punto de vista evangélico. Claro que habiendo mitificado y divinizado a la madre de Jesús hasta extremos impensables, parece justificado aquello de San Bernardo –creo- “De Maria nunquam satis” . Y así claro, con tales axiomas, todo vale.
16 de julio. Fiesta de la Virgen del Carmen

martes, 13 de octubre de 2009

Vocación

Probablemente esta palabra, que ha sido utilizada muy particularmente por la Iglesia, es una palabra que tiene un sentido mucho más universal que la “tendencia a comprometerse con una forma específica de servicio eclesiástico”
Se ha hablado de determinadas profesiones, carreras o trabajos que “implican” una especial vocación, es decir una especial inclinación, amor a la tarea y actitud profunda y convencida de aquello en lo que se trabaja y para lo que se trabaja.

Voy a intentar, no tanto descontextualizar la vocación religiosa cuanto a enmarcarla en un contexto más universal y comprensible.

Vocación es llamada, pero de algo que te llama, que te convoca, que te atrae, que te hipnotiza, o como diría el profeta, algo o alguien que te seduce.

Notables biografías de personas interesantes están marcadas por esta seducción del arte, de las letras, de la entrega incondicional al prójimo, de la música… Y muchas de ellas lo han sido gracias al ejemplo materno-paterno, (médicos, investigadores, músicos…) a un entorno enamorado de la música, la danza, el estudio de la estrellas o en interés por la arqueología, la historia, la escultura.

En fin, no hay vocación más que la que crece y se descubre dentro de la comunidad, sea familiar, laboral, eclesial, artística. No hay vocación si no se ha despertado una luz, si no existe un modelo, si no se ha conmovido el interior gracias a la vivencia generosa, vital y de entrega de aquellos entre quienes crecemos y vivimos.

En la concurrencia de todos estos elementos se produce esa llamada, esa seducción, ese interés y ese entusiasmo. No hay una palabrita al oído de las musas, ni de los artistas, ni del Niño Jesús. Existe, sin más, un espacio en el que es posible que crezcan las flores, porque está sobradamente abonado, está cuidado, está regado, y se han sembrado ya entre el misterio y la palabra un montón de inquietudes que pueden dar como fruto muchas clases de flores.

Los referentes personales no son lo menos importante en el misterio o la aparición de una determinada vocación. Es más, es muy raro que no estén más o menos conscientemente esos arquetipos sobre los que ha recaído la mirada del llamado y que ante ellos se ha sentido sorprendido, y de alguna manera enamorado.

La sobrenaturalidad de la vocación se sobreentiende como una proyección necesaria desde la perspectiva religiosa o cristiana, pero como he dicho anteriormente no hay una palabrita al oído, sino una especie de clamor interior que se ha ido construyendo con la unión, el amor, la generosidad, el entusiasmo o la ternura en el trato.

Y tampoco se entiende sin la presencia de personas concretas, que sí constituyen un aldabón en cada alma llamada, porque si sentimos emociones, es a través de las palabras las caricias, la ternura y el afecto de quines nos rodean…. Y la experiencia de Dios no es ajena a estas experiencias humanas, sino su sublimación y su elevación a lo más alto.
Septiembre 2009.

martes, 25 de agosto de 2009

Et habitavit in nobis

Es difícil escapar a la tentación de hacer Cristología, pensamiento razonable, para deshacer las incógnitas, romper con las incoherencias, evitar el pietismo de los superlativos y dejar pintado el retrato justo del Jesús que yo veo.
Cada vez lo objetivo menos, lo miro fuera de mí o le hablo como a un segundo interlocutor.
Creo que he dejado de orarle y adorarle para sólo sentirlo, (de algún modo y lleno de modestia, porque sólo es una metáfora) como una “segunda naturaleza” que está en lucha por ser sólo una.

Jesús, el Cristo:
Estás ahí y aquí.-
Como en mí
Y como imagen de ti
En el otro y los otros.

Yo ya no te oro,
Siempre parece invadirme tu ser,
Tu imagen, tu fuerza, tu palabra
Para descubrir mi pobreza;
Para amplificar con tus dimensiones
La modesta dimensión
De mis pequeños pasos.

Es una irrupción
Una invasión de Ti
Que moldea mi mirada
Y resquebraja
Las fronteras de mi corazón,
(encerrado tantas veces
en querer gozarte,
en poseerte, dominarte,
tenerte, conocerte, sentirte
y alcanzar certezas definitivas)
Te siento como vida en mi vivir diario.
Te siento camino
Cuando proyecto actos.
Te siento en mis dudas
Como verdad imprecisa.
Y También como luz
Que alumbra pensamientos.
Siento que trabajas en mí
Que transfiguras en fuego
El leve fósforo
Que enciendo con apuros.
Que tu Viento y tu Ruaj,
Tu Dínamis, tu Fuerza
Me impulsan (sin a veces saberlo)
A vivir de otro modo,
A lanzarme sin miedo,
A decir tu palabra
O a cantar como Francisco,
El Buenagente
A todas las criaturas
Un canto al menos
O un compás de espera…
Y esperanza.

Sé que no me gusta
esa imagen meliflua
del corazón Sagrado;
pero sé que es tu Corazón
el que vibra en la ternura,
en el perdón,
en la bondad sencilla,
en la misericordia,
en la comprensión
y la solidaridad
que brota en mí
sin forzar mi propio corazón.

No sé expresarlo sino así,
Con mis pobres palabras,
Con mis versos simplones;
Y decirlo como una emanación
Del Logos, el Verbo, la Palabra
Y el Proyecto que me habita
Porque seguramente,
En un descuido,
Encontró abiertas mis puertas y ventanas
Y ha venido a hacer aquí,
Sin yo saberlo ni cobrarle pensión
Su modesta morada.
Et habitavit in nobis.

No sé desde cuándo está ahí,
No sé si a veces,
Deja sola mi casa
Y entonces vuelvo a preguntarme
Por su ausencia.

Ya sé –sin serle fiel-
Que se ha convertido
En mi Roca, mi Baluarte,
Mi firme muralla,
Mi cimiento;
que está tan en mí como yo mismo
…Y no le veo, no lo encuentro;
pero ¿qué otro guía sino él
orienta mi camino?
¿Qué referente y qué horizonte
me impulsa a dar los pasos?
¿Qué modelo, qué arquitecto
y qué escultor me habita
que trata de modelar en mí su imagen?

Y siento que todo esto es tan real
Como vivido en esperanza;
Porque ya es
Y todavía no está
Definitivo.

Y a veces
En la imprecisa noche
En que ni siquiera alumbran las estrellas
te grito como Juan:
¿Adónde te escondiste Amado
y me dejaste con gemido?
Salí tras ti clamando
Y eras ido.
Aun así,
siento que no me quedo
En esa soledad sonora,
Porque escucho dentro,
Casi imperceptible
Y dolorosamente
La música suave
de tu escondida voz
y tu oculta presencia.

Anotado en los Ejercicios espirituales de San Calixto de septiembre de 2008