martes, 3 de enero de 2017

JESÚS DE NAZARET

Para mucha gente si hablas de que crees en Dios, les parece un atavismo. Pero hoy creo que es una oportunidad para decir que lo mismo que hay gente que se fía de las enseñanzas de Buda o de otros seres humanos iluminados, otros confían en este Hombre llamado Jesús. Gandhi decía que ningún hindú debería morir sin haber escuchado las enseñanza de Jesús de Nazaret, y que lo consideraba un Maestro excepcional. Hoy se celebra la fiesta del nombre de Jesús (Igual a Josué y otros nombres parecidos de la Biblia). Es el nombre que según la narración de los evangelios de Mateo y Lucas se le dijo a su madre María que le impusieran. En otro lugar se dice que su nombre es Enmanuel que significa Dios con nosotros. Creo que ser seguidor de Jesús de Nazaret, un verdadero maestro de humanidad y proclamador de una buena noticia, la de que Dios es como un Padre; de la fraternidad universal, de que la dignidad del ser humano no está en el poder, ni en la riqueza, ni en la fama o el prestigio, que hay una Utopía en marcha, una evolución revolucionaria que extiende su primera mirada hacia los pobres y los últimos… y que esa “fuerza y esa energía” es el Espíritu que habita en nosotros…Que aquello que proclamaba del Reino de Dios, no es una nueva monarquía absoluta y sagrada, sino una semilla que guarda cada ser humano en el corazón y que crecerá como bondad, como amor, como espíritu de servicio, como profunda y auténtica humildad.. Que intentar ser seguidor de Jesús, nos hará más humanos, más dignos, más fraternos, más solidarios. Probablemente nos queda demasiado por descubrir cuando abramos, sin prejuicios, los libros de los evangelios y descubramos a aquel que nos invitó a descubrir en él la fuerza transformadora que necesita nuestro planeta y sobre todo el cambio radical, la reversión y la conversión de la antroposfera. Volver a re-conocer a Jesús de Nazaret, tantas veces des-figurado, puede ser un excelente propósito para este año en este tercer día en que hacemos memoria de que, coincidiendo con el rito judío de la circuncisión, se le impuso a aquel Niño el “Nombre sobre todo nombre” como escribe Pablo de Tarso.

lunes, 26 de diciembre de 2016

¿Eres tú el que ha de venir no esperamos a otro?

La espera de un Mesías es una constante en la historia de los pueblos y de los seres humanos. La búsqueda de un líder liberador que recupera un nuevo orden en que se viva en la paz y la justicia, es un sueño permanente de la Humanidad. Nos parece que en cada momento de la historia tendría que aparecer alguien extraordinario y espectacular que de un manotazo cambie las cosas y ponga a la humanidad en camino hacia el paraíso perdido. En estos días del pasado adviento se ha leído aquel pasaje en que Juan Bautista, desde la cárcel manda a unos discípulos a preguntar a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro?” Está claro que es muy difícil de entender este modelo de mesías, de salvador, porque ¿Qué puede hacer alguien como este Jesús, pobre, sin un currículum prestigioso, sin carrera, sin armas, sin ejércitos, sin poder, que vive entre la gente pobre, que se acerca a los leprosos, a los marginados a los excluidos; (llamémosles por sus propios nombres: prostitutas, travestis, mendigos, sin techo, parados, homosexuales estigmatizados, desahuciados, discapacitados, dependientes, etc. etc.)? La respuesta de Jesús es una respuesta que no nos acabamos de creer: Esto es lo que hay. No una guerra abierta contra el poder, sino una lucha cuerpo a cuerpo contra el mal que amenaza a los humanos: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los mudos hablan y a los pobres se les anuncia la esperanza. Y lo que hay detrás de esa respuesta es ternura, amor, afecto, misericordia, compasión empatía, espíritu de servicio, entrega, donación… y todo ello surgiendo de una fuerza interior que llena el corazón de la persona. El evangelio lo expresa con imágenes muy significativas: “el Espíritu de Dios está sobre mí”, “lleno del Espíritu Santo”, “movido por entrañas de misericordia”, “compadecido porque estaban como ovejas sin pastor”… Cuando se insiste tanto en el cambio del corazón, en la llamada “conversión” o “cambio de mente, (metanoia en griego), es precisamente porque lo que propone el evangelio es una nueva forma de entender de vida y las relaciones humanas. Lamentablemente, y sin solución de continuidad, la humanidad se ha apoyado en las tres tentaciones rechazadas por Jesús en el desierto: el poder, el dinero, el prestigio. Hoy la humanidad ha naufragado, como repite el Papa y como apunta Bernardo Pérez-Andreo; el capitalismo así, sin atenuantes ni eufemismos, ha conducido a la humanidad a un naufragio y ahora flotamos inseguros y amenazados sobre las tablas que han quedado de ese naufragio. En este naufragio el arca de Noé ha recogido no a todos los animales en peligro de extinción, sino a todos los dueños del dinero y del poder que ellos sí, se ponen siempre a salvo. Pero ¿están realmente a salvo? No hay otra manera de salvar al mundo que mediante este cambio de paradigma que se basa en los valores básicos de Evangelio de Jesús… si queremos podemos llamarlo Humanismo o si se prefiere Humanidad. Porque no otra cosa supone este primer momento cósmico de la Navidad sino que Dios ha escogido la debilidad, la sencillez, la humildad, el amor, en definitiva, como arma de trasformación. Integrarse en ese ámbito profundo que Dios ha compartido haciéndose humano en Jesús de Nazaret es la clave de todo. Desde ese momento Dios sólo actúa a través de “espíritu humano”: llora por nuestros ojos, acaricia con nuestras manos, se encamina con nuestros pasos, ama con nuestro corazón, Él está aquí, en cada ser humano realizando su tarea salvadora. No hay futuro sin la acción humana, de ahí la enorme responsabilidad que tenemos que asumir por las consecuencias de nuestras acciones sobre los demás y sobre el propio planeta, que nos acoge como en una casa grande donde “todavía” sí es posible la vida. Entonces, ¿hay motivos para felicitar la Navidad? Claro, porque cuanta más multitud de humanos se sume a esa causa, se incorpore a ese camino, tome conciencia de que la salvación viene desde abajo, y acepte que Dios no es el todopoderoso que manipula el universo, sino la fuerza y el espíritu que actúa en el corazón humano, para hacer nuevas todas las cosas desde la pequeñez, como toda forma de vida, no será viable el Reino del que hablaba Jesús. Pero, -como apunta Pérez Andreo- “El Reino de este mundo ha anulado la Navidad para que exprese sus valores: consumo, lujo y poder. Es, lo que bien podríamos llamar, el escándalo de la Navidad. De un lado, es un escándalo que se utilice para legitimar el desorden mundial establecido, de otro, la Navidad es, en sí misma, el escándalo de un Dios hecho un bebé. En el primer caso tenemos el escándalo como riesgo, en el segundo como oportunidad”. En conclusión, como dijo en un poema León Felipe: Él vino, nos dejó unas herramientas, nos puso una tarea y se fue. Ahora el futuro es nuestro… Y por supuesto podemos alimentar nuestro espíritu y hacer que se acreciente nuestro dinamismo interior conectándonos a la Fuente de Vida que de mil maneras está a nuestro alcance.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Celebración del día de los difuntos en la ONG Amigos de Ouzal

Las flores son todo un símbolo de la vida, de su color de su perfume, de su belleza, incluso del placer al contemplarlas, pero también valen como símbolo de su transitoriedad, de su fugacidad y de cómo tan pronto se ajan y se marchitan a la intemperie. Nuestra vida ha pasado desde la pequeñez de una semilla hasta hacerse bella y plena pero siempre amenazada por la frustración y segada finalmente por la guadaña de la muerte. Pero a pesar de ello y por encima de todo, el día de los difuntos es un día de sol, de luz, de flores de recuerdos, de glorificación de la muerte, de exaltación de la mayor limitación y pobreza humana… Un día de esperanzas Recordando unos días después esta resonancia festiva de los muertos, vamos a hacer un gesto, silencioso, solidario, para que lo inmediato de nuestros propios muertos, no nos lleve a olvidar los muertos ajenos, los muertos olvidados. Que no nos olvidemos del dolor de otras familias lejanas, perdidas, que nunca saldrán en las noticias de los medios de comunicación. De manera particular vamos a hacer presentes a los muertos que mueren por nuestros olvidos, por la estupidez humana, porque, en parte, nosotros nos hemos cruzado de brazos. No queremos olvidarnos de los muertos sin entierro, sin lápidas, sin honor, de los que mueren a causa del fanatismo o de la locura de otros. Nuestra celebración es un recuerdo para los muertos de todos. Nuestra celebración es un aliento para una vida consciente y de donación, una vida para desvivirse, y no dejarse morir tontamente sin luchar por la vida, procurando no perderla, sino entregarla completamente.
Ofrenda: Una flor por las víctimas de la violencia machista. Una flor por los miles de niños que mueren a diario, víctimas del hambre y de nuestro olvido. Una flor por las víctimas del SIDA, y por los enfermos terminales Una flor por las víctimas de todos los terrorismos y fanatismos, en particular por los víctimas de la violencia salvaje del ISIS. Una flor por los palestinos muertos a manos del fanatismo israelí Una flor por los Israelitas muertos a manos de los suicidas fanáticos palestinos. Una flor por aquellos que frustraron su camino a la vida desde el seno de sus madres. Una flor por todas las víctimas caídas a consecuencia de las guerras que sacuden oriente medio y el este de África (en Siria, Irak y Yemen) Una flor por los niños y niñas víctimas de las minas anti-personas. Una flor por los que han muerto sin haber vivido. Una flor por las niñas desfloradas para la prostitución. Una flor por las víctimas de la ablación genital femenina Una flor por las 200.000 víctimas de Hirosima y Nagasaky Una flor por las víctimas de todas las dictaduras intransigentes. Una flor por los que todavía descansan en las fosas comunes y en las cunetas, asesinados violentamente Una flor por los que buscando el paraíso han encontrado la muerte a bordo de una patera en el Mediterráneo, que hoy se ha convertido en un enorme cementerio de vida frustradas . Una flor por aquellos que, no sabemos por qué, prefirieron huir de la vida. Una flor por las víctimas de los accidentes de trabajo, víctimas al mismo tiempo del egoísmo que los instala en la inseguridad. Una flor por los niños fallecidos bajo la escuela en los terremoto de Italia y Haití o víctimas de los huracanes Una flor por los muertos en accidentes de tráfico, Una flor por todos los muertos olvidados. Una flor por todos los que han muerto víctimas de su compromiso con los pobres. Una flor por todos aquellos que han sido asesinados por ser seguidores del crucificado Una flor para quienes entregan a diario su vida a la causa del ser humano. Una flor para aquellos o aquellas que nunca reciben un detalle de amor.. Una flor para todos los niños y niñas necesitados de afecto y cariño. Una flor para aquellos que hoy luchan por escapar de la droga, del alcohol, del fanatismo, de la marginación, intentando recuperar su dignidad humana. Una flor por todas las familias que lo siguen pasando mal como consecuencia del paro y del trabajo precario Una flor para dar fuerza a los que hoy sienten reciente la ausencia, y están sumidos en el dolor y la tristeza. Una flor finalmente, por África por Camerún por Ouzal, porque se ahuyente el miedo y que se recupere la posibilidad de un futuro esperanzador

viernes, 14 de octubre de 2016

Llegar a San Calixto

Otra vez al silencio. Otra vez a la soledad. Otra vez a meditar, a pensar, a reflexionar. Otra vez a colocarse vacío y pobre, débil y leproso ante Aquel que pasó por el mundo haciendo el bien y curando a todos. Otra vez a recorrer los mismos pasos, a plantearse las mismas interrogantes, a quedarse mundo ante el infinito contraste entre este yo y ese Tú inconmensurable. Otra vez a recargar de su espíritu las baterías que han perdido energía y voltaje, que ahora, de nuevo dan una luz más apagada y mortecina. Otra vez a mirarte cara a cara, a escuchar en silencio tu mensaje de vida, a contemplarte en los caminos, tan lejos de los templos, acercándote a todos los marginados de la tierra que pisabas; otra vez a aprender de ti aquello mismo que el tiempo va enfriando. Otra vez a mirarte resuelto a darlo todo a dejar tu vida como señal de amor supremo. Otra vez a asumir coherente tu misión, hasta cargar con la cruz del condenado. Otra vez a despert
ar la luz, la alegría y la esperanza al ver que el Padre te arranca de la muerte para convertirte en el Cristo esperado, que culmina el camino, hecho ya el punto omega de todo los que asciende, de todo lo que converge, de todo lo que humaniza y diviniza al hombre y a mí mismo. Otra vez a encontrarte camino de Emaús en los momentos de las desilusiones, para escuchar de nuevo tu palabra que llena el corazón y despierta las lágrimas. Otra vez a conocerte como cada año en el partir el pan y otra vez regresar para seguir haciendo pobremente de testigo de la alegría del Evangelio, de la luz y la esperanza del Evangelio. Otra vez aquí para escucharte proclamar las bienaventuranzas y todo entero tu sermón del monte. Otra vez aquí para perder mis miedos y retomar la parresia. Una vez más ahondar en este Jesús que rasgó el velo que nos ocultaba la divinidad para buscar en él un rostro humano y dar sentido a toda vida llamada al desprendimiento y la generosidad, a la entrega, al amor desinteresado, a la donación de la vida en una única forma de sacrificio vinculado a Jesús dándose en la Eucaristía, prefigurando el don gratuito de su vida como signo de perdón y reconciliación. Otra vez aquí para escuchar de nuevo ven y sígueme, dichosos los pobres y los pacíficos y los misericordiosos y los limpios de corazón y los que luchan por la justicia. Otra vez aquí para recordad tus palabras “los que lo dejen todo por mí, recibirán el ciento por uno y una vida enteramente nueva. Otra vez aquí para lo mismo, para remover la savia congelada, para romper con el silencio la ruidosa rutina de los días; para restaurar la casa desconchada y llena de polvo en sus rincones. Otra vez aquí para deshollinar la chimenea, para podar las ramas y los sarmientos secos, para injertarnos de nuevo en el troncón originario de la Vid con mayúscula; para borrar de la memoria los archivos inútiles, para reconstruir los fragmentos dispersos, para reiniciar el desordenado almacén de este pecé (PC) ya viejo, cargado de morralla y acaso también de malévolos virus. Aquí estoy, Jesús y aquí estoy, compañeros, para hacer juntos estos días de camino y encontrarnos, de nuevo, buscadores, viatores, caminantes, con las mismas flaquezas de siempre y el mismo corazón abierto del Maestro..

miércoles, 7 de septiembre de 2016

De la exuberancia a la sencillez

El acentuado sentido del dogmatismo y del rigor doctrinal, hace que muchas veces cuando se va a hablar de la Iglesia oficial se empiece a darle vueltas al asunto con la intención de no decir nada que pueda molestar o que pueda hacer sentir mal a los feligreses, creyentes o parroquianos. Confundir cualquier reflexión crítica o histórica con un ataque o una persecución no es extraño por parte de quienes se creen tan firmes poseedores de la verdad absoluta, que toda reflexión se considera antieclesial. Me vienen a la memoria aquellos versos de Antonio Machado de la vieja España del nacional catolicismo, que yo entiendo una verdadera aberración, como considero aberración el fanatismo de los integristas musulmanes. La España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María, de espíritu burlón y alma inquieta… Noto que cada día más existe una regresión a formas y modelos de vivir el cristianismo, muy lejos de los “signos de los tiempos”, sino que tratan de anclarse en el pasado y en un pasado cada vez más recargado de ornamentación, decoración, adorno, exuberancia, plata, oro, palios, candeleros, ciriales, turíferos, procesiones, rosarios, exposiciones, capas pluviales, dalmáticas, roquetes… con una sensación de que vamos caminando hacia la periferia de lo cristiano en lugar de hacia el centro de lo esencial, que yo entiendo que es el “seguimiento de Jesús pobre y humilde” como decía san Ignacio. En particular la proliferación de procesiones, cada vez de más imágenes de santos o santas, Cristos o Vírgenes, me parece desmedida, por más que las devociones no tengan límite y las ganas de “lucir” los pasos o lucirse tampoco lo tenga. Desde hace tiempo vengo comprobando que estos cambios en gran parte son producto de la mímesis y de la ósmosis que se produce entre las comunidades, mirándose unas a otras y no tanto por mirarse en el espejo del Evangelio y ahondar en lo más bello y lúcido del mensaje de Jesús. En cuestiones de Semana Santa, Sevilla es la madre de todas las semanas santas y el modelo arquetípico de cómo tiene que ser una procesión o una cofradía. Por eso el empeño en que los pasos tengan cada vez más metales preciosos, más orfebrería y la mímesis haya llegado también a la imitación total de los costaleros, o de los pasos de Málaga con largos varales y un gran número de personas llevando los pasos, pero lo mismo que antes arrimaban el hombro vestidos de la misma manera que habían ido a la procesión, ahora van todos con su uniforme, tanto los costaleros como los o las santeras. El traje y la corbata constituyen una característica más de este estilo que, desde mi punto de vista, es regresivo y se aleja de la sencillez. Las chicas y mujeres de mantilla es otra de esas conquistas de mimética lograda con el tiempo. Siempre me ha parecido un signo de ostentación y señorío y de cierto sabor rancio a símbolos del viejo nacional catolicismo, cuando había una connivencia total entre los poderos políticos de la dictadura franquista y los jerarcas de la Iglesia, amantes de palios, dignidades títulos, doseles y rica y dorada ornamentación. Y el modelo del Rocío se ha convertido en el ejemplar en que toda Hermandad romera, ha de copiarse y asimilarse. A veces con más valor de lo puramente exterior, que del sentimiento y espiritualidad del seguimiento. Alguien me ha respondido a un comentario en mi perfil de Factbook que las procesiones son algo no necesario pero puede ser complementario. De acuerdo. Otro comentarista añade: “las procesiones para los cristianos son una manifestación pública de nuestra fe y nuestro amor a Dios” Aparte de no compartir otros aspectos de dicho comentario se me ocurre que habría que analizar a fondo qué es eso de “manifestar públicamente nuestra fe” Recuerdo aquellas palabras de Jesús que se recogen desde el principio del capítulo 6 del Evangelio de Mateo: “Cuidado con hacer vuestras obras de piedad delante de la gente para llamar la atención; si no, os quedáis sin paga de vuestro Padre del cielo” (versículo 1). Pero luego dice lo propio de la limosna, del la oración, del ayuno, y todo el capítulo sexto es digno de una reflexión profunda y detenida, porque va más allá de la literalidad, como ocurre con la parábolas. Porque es más cierto que lo que dice mi comentarista de Factbook, porque Jesús nos dejó un encargo: “Un mandamiento nuevo os doy que os améis unos a otros como yo os he amado…en esto conocerán que sois mis discípulos, (esa es la verdadera manifestación pública de nuestra fe y nuestro seguimiento de Jesús) en que os amáis los unos a los otros.(Juan 13, 34-35). Evidentemente que todo lo demás puede ser un instrumento complementario para reforzar la decisión del seguimiento del evangelio, pero ese es exclusivamente su objetivo. Lo único que yo me pregunto es precisamente ¿no es más necesario interiorizar la fe que exteriorizarla públicamente? Ya comenté en cierta ocasión mi extrañeza cuando hablé con una chica que se había confirmado, y reconoció que no había leído los evangelios; ni su lectura había formado parte de la preparación catequética. ¿Qué significa la confirmación para la vida y el compromiso de los bautizados?, ahora que los confirmados se cuentan por centenares en la comunidad? Es llamativa la reflexión que hace Fernando Etchegaray Valenzuela de la Pontificia Universidad católica de Chile respecto de este retroceso en la perspectiva: “En términos generales eso sucede porque en la selección de los clérigos se privilegió la obediencia a la inteligencia, la sumisión a la autonomía, la autosexualidad a la heterosexualidad, la devoción a la evangelización, la sacristía a la acción social, el ritualismo al profetismo, la divinización a la encarnación, la separación a la inmersión, la.......a la......etc” No hay nada como acercarse a conocer el Evangelio, o en su caso leer la exhortación del papa Francisco “Evangelii gaudium”, La alegría del Evangelio. Allí descubrimos que el papa llama a esta religiosidad popular “una verdadera espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos”, para convertirla siempre en un gesto evangelizador, que pone de manifiesto el compromiso cristiano con la trasformación de la realidad social y se abre a nuevas formas de poner de manifiesto nuestra fe y nuestro amor a Dios, cuya medida es el amor a los humanos. (I Juan 4, 20-21)