miércoles, 7 de septiembre de 2016

De la exuberancia a la sencillez

El acentuado sentido del dogmatismo y del rigor doctrinal, hace que muchas veces cuando se va a hablar de la Iglesia oficial se empiece a darle vueltas al asunto con la intención de no decir nada que pueda molestar o que pueda hacer sentir mal a los feligreses, creyentes o parroquianos. Confundir cualquier reflexión crítica o histórica con un ataque o una persecución no es extraño por parte de quienes se creen tan firmes poseedores de la verdad absoluta, que toda reflexión se considera antieclesial. Me vienen a la memoria aquellos versos de Antonio Machado de la vieja España del nacional catolicismo, que yo entiendo una verdadera aberración, como considero aberración el fanatismo de los integristas musulmanes. La España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María, de espíritu burlón y alma inquieta… Noto que cada día más existe una regresión a formas y modelos de vivir el cristianismo, muy lejos de los “signos de los tiempos”, sino que tratan de anclarse en el pasado y en un pasado cada vez más recargado de ornamentación, decoración, adorno, exuberancia, plata, oro, palios, candeleros, ciriales, turíferos, procesiones, rosarios, exposiciones, capas pluviales, dalmáticas, roquetes… con una sensación de que vamos caminando hacia la periferia de lo cristiano en lugar de hacia el centro de lo esencial, que yo entiendo que es el “seguimiento de Jesús pobre y humilde” como decía san Ignacio. En particular la proliferación de procesiones, cada vez de más imágenes de santos o santas, Cristos o Vírgenes, me parece desmedida, por más que las devociones no tengan límite y las ganas de “lucir” los pasos o lucirse tampoco lo tenga. Desde hace tiempo vengo comprobando que estos cambios en gran parte son producto de la mímesis y de la ósmosis que se produce entre las comunidades, mirándose unas a otras y no tanto por mirarse en el espejo del Evangelio y ahondar en lo más bello y lúcido del mensaje de Jesús. En cuestiones de Semana Santa, Sevilla es la madre de todas las semanas santas y el modelo arquetípico de cómo tiene que ser una procesión o una cofradía. Por eso el empeño en que los pasos tengan cada vez más metales preciosos, más orfebrería y la mímesis haya llegado también a la imitación total de los costaleros, o de los pasos de Málaga con largos varales y un gran número de personas llevando los pasos, pero lo mismo que antes arrimaban el hombro vestidos de la misma manera que habían ido a la procesión, ahora van todos con su uniforme, tanto los costaleros como los o las santeras. El traje y la corbata constituyen una característica más de este estilo que, desde mi punto de vista, es regresivo y se aleja de la sencillez. Las chicas y mujeres de mantilla es otra de esas conquistas de mimética lograda con el tiempo. Siempre me ha parecido un signo de ostentación y señorío y de cierto sabor rancio a símbolos del viejo nacional catolicismo, cuando había una connivencia total entre los poderos políticos de la dictadura franquista y los jerarcas de la Iglesia, amantes de palios, dignidades títulos, doseles y rica y dorada ornamentación. Y el modelo del Rocío se ha convertido en el ejemplar en que toda Hermandad romera, ha de copiarse y asimilarse. A veces con más valor de lo puramente exterior, que del sentimiento y espiritualidad del seguimiento. Alguien me ha respondido a un comentario en mi perfil de Factbook que las procesiones son algo no necesario pero puede ser complementario. De acuerdo. Otro comentarista añade: “las procesiones para los cristianos son una manifestación pública de nuestra fe y nuestro amor a Dios” Aparte de no compartir otros aspectos de dicho comentario se me ocurre que habría que analizar a fondo qué es eso de “manifestar públicamente nuestra fe” Recuerdo aquellas palabras de Jesús que se recogen desde el principio del capítulo 6 del Evangelio de Mateo: “Cuidado con hacer vuestras obras de piedad delante de la gente para llamar la atención; si no, os quedáis sin paga de vuestro Padre del cielo” (versículo 1). Pero luego dice lo propio de la limosna, del la oración, del ayuno, y todo el capítulo sexto es digno de una reflexión profunda y detenida, porque va más allá de la literalidad, como ocurre con la parábolas. Porque es más cierto que lo que dice mi comentarista de Factbook, porque Jesús nos dejó un encargo: “Un mandamiento nuevo os doy que os améis unos a otros como yo os he amado…en esto conocerán que sois mis discípulos, (esa es la verdadera manifestación pública de nuestra fe y nuestro seguimiento de Jesús) en que os amáis los unos a los otros.(Juan 13, 34-35). Evidentemente que todo lo demás puede ser un instrumento complementario para reforzar la decisión del seguimiento del evangelio, pero ese es exclusivamente su objetivo. Lo único que yo me pregunto es precisamente ¿no es más necesario interiorizar la fe que exteriorizarla públicamente? Ya comenté en cierta ocasión mi extrañeza cuando hablé con una chica que se había confirmado, y reconoció que no había leído los evangelios; ni su lectura había formado parte de la preparación catequética. ¿Qué significa la confirmación para la vida y el compromiso de los bautizados?, ahora que los confirmados se cuentan por centenares en la comunidad? Es llamativa la reflexión que hace Fernando Etchegaray Valenzuela de la Pontificia Universidad católica de Chile respecto de este retroceso en la perspectiva: “En términos generales eso sucede porque en la selección de los clérigos se privilegió la obediencia a la inteligencia, la sumisión a la autonomía, la autosexualidad a la heterosexualidad, la devoción a la evangelización, la sacristía a la acción social, el ritualismo al profetismo, la divinización a la encarnación, la separación a la inmersión, la.......a la......etc” No hay nada como acercarse a conocer el Evangelio, o en su caso leer la exhortación del papa Francisco “Evangelii gaudium”, La alegría del Evangelio. Allí descubrimos que el papa llama a esta religiosidad popular “una verdadera espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos”, para convertirla siempre en un gesto evangelizador, que pone de manifiesto el compromiso cristiano con la trasformación de la realidad social y se abre a nuevas formas de poner de manifiesto nuestra fe y nuestro amor a Dios, cuya medida es el amor a los humanos. (I Juan 4, 20-21)

Ojo por ojo y el mundo se quedará ciego (Gandhi)

Hay un mundo que está naciendo ahora. Siempre ha habido un mundo naciendo, pero este que está tomando forma poco a poco, después de las numerosas crisis, y después de esta nueva depresión parece que se nos presenta como especialmente conflictivo y difícil de manejar. Será necesaria una larga meditación a las profundidades de lo humano para encontrar salidas que permitan sobrevivir y o que impidan que la biosfera se quede arrasada por la desorientada noosfera. No es ya sólo que el cambio climático avanza sin que le pongamos freno decidido, No es sólo que el abismo de la pobreza vaya abriéndose cada vez más a mayor profundidad y con mayores dificultades para pasar de un lado a otro. No podemos parar las migraciones de quienes buscan pan, ni de los que buscan poder vivir en paz. Haría falta un ejercicio profundo de osadía y que alguien como lo hizo una vez Hans Küng, convocara a todos los jefes religiosos del mundo y lograr acabar con los fanatismos y las supersticiones que son destructivas para el ser humano y discriminadoras respecto de la mujer y de su función en la sociedad. Las religiones monoteístas o religiones del Libro se han mostrado a lo largo de la historia como religiones altamente violentas y, contra los mandamientos de sus reveladores, sembraron y aún siembran violencia y la muerte. Y quizás lo único importante que deberían sacar de sus religiones es que si creen en un dios o en más de uno, mantengan la seguridad de que lo que Dios pretende es ayudar al ser humano a ser feliz, a vivir en paz, a tener actitudes positivas hacia sus hermanos los otros seres humanos; que toda religión tiene por referente a una divinidad, pero que tiene por objeto de sus principios, su razón de ser y sus preocupaciones los seres humanos, todos los humanos. Apuntaba el teólogo J. I. Gonzállez Faus, citando a Isaías, que “la paz es fruto de la justicia” y que por ende la guerra y la violencia tienen su tierra de cultivo en la injusticia. Haría falta de inmediato una Unión de Naciones mundiales en que se establecieran unas mínimas medidas de obligado cumplimiento sin que nadie pueda ejercer el derecho a vetar a la mayoría. Haría falta que los cascos azules fueran un fuerza verdaderamente disuasoria. Haría falta que hubiera un gobierno mundial y que las resoluciones de Naciones unidas o del Consejo de Seguridad fueran verdaderamente ejecutivas y ejecutadas, sin que queden impunes quienes la incumplan. La sangrienta acción terrorista yihadista en Francia, ha puesto una vez más de manifiesto que el mundo es una aldea global y que en cualquier sitio hay posibilidad de hacer gestos así aunque sean puntuales, porque “no todo está bajo control”. Pero lo preocupante es que todavía no nos hemos percatado en occidente de que este “nuestro modo de vida” y esta sociedad del bienestar tiene que pasar un periodo de decrecimiento para que llevemos una vida más austera, más moderada en el consumo, porque no podemos ir expoliando las riquezas de otros países para vivir nosotros a cuerpo de rey empobreciendo por ese procedimiento a países y continentes enteros, con nuestra manera de colonizar y expoliar las riquezas de África o América Ya profetizó Rafael Sánchez Ferlosio que “Vendrán más años malos y nos harán más ciegos”. Y como si fuera consciente de que eso de amarnos los unos a los otros es utópico, acaba diciendo en una de sus frases lapidarias: “babilonios somos, dejémonos en paz los unos a los otros como buenos hermanos” Al menos eso.

De filias y fobias

Pienso que en la vida hay que enfrentarse a numerosas situaciones en las que cada uno toma la decisión de optar por una respuesta o una visión sobre cualquier tema o asunto que no necesariamente va contra la otra visión, sino que no la comparte y mantiene una línea de pensamiento que no tiene por qué ser compartida por otros, pero tampoco necesariamente tildada de falsa o negativa. Esto ocurre muy habitualmente en el terreno de las ideas políticas e incluso en determinadas teorías económicas. Afortunadamente no todo el mundo piensa igual, y en la confrontación y el debate de las ideas se encuentras manera de convivencia y de solución de problemas que nacen precisamente de encontrar una línea o un espacio abierto desde los que mirar y no sólo un punto de vista que necesariamente es límitado. Un ejemplo claro es la visión que sobre el sistema capitalista hay en la sociedad, desde los que lo defienden como lo único posible y quienes creen que aun teniendo sus valores no resuelve los problemas de las mayorías en razón del principio mismo o base del capitalismo (invertir dinero para ganar más dinero) con lo que lleva necesariamente al aumento constante de la desigualdad. Hay que reconocer que existen también posicionamientos distintos ante el hecho de la homosexualidad. Esa diferencia de percepción del hecho homosexual, (léase también lesbianismo, transexualidad y bisexualidad) no tiene por qué traducirse en homofobia ni entenderse como tal. De modo parecido hay quienes ante el hecho de la liberación de la mujer (lo que ellos llaman “ideología de género”) lo perciben como un camino que lentamente arrebata a la mujer su papel natural de madre y educadora y en ese sentido no comparten al menos en parte esa llamada ideología, porque la perciben como una manipulación que acabará con las peculiaridades y características de la mujer. Cuando hablan en ese sentido, su discurso puede ser considerado “políticamente incorrecto”, pero una forma de disentir, no tendría por qué generar una “fobia” contra otra manera de entender la perspectiva de género, porque expresar una opinión contraria no debe considerarse en si mismo una forma de fobia. Lo mismo que no se debe ser homófobo, tampoco nadie puede obligar a alguien a ser homofílo, en el sentido de que comparta todos los planteamientos que se hagan desde movimiento gay (GLBT). Lo obligado es mantener un nivel de respeto y de consideración hacia el diferente, porque lo que debe caracterizar nuestras relaciones sociales es el respeto al otro y en último caso una manera tolerante de aceptar las diferencias. De cualquier manera ningún tipo de “pensamiento único” ha de imponerse a la sociedad en su conjunto. Eso podría convertirse en una forma de fanatismo que por principio es una manera de no aceptar a los que no piensan o son como yo. Hemos de decir no a la homofobia en el sentido de cualquier agresión, insulto o ataque personal a alguien por su orientación sexual. Pero también decimos no a que esto signifique caer en un pensamiento único en el que se admita la visión monolítica favorable a la práctica homosexual como un hecho ideal y positivo y a promocionar en el contexto social, sin poder disentir con respeto de esta idea. Hasta el punto de que se condene a cualquier disidente de este pensamiento políticamente correcto como homófobo, y por lo tanto a perseguirlo en nombre de la tolerancia. En otro terreno. Hagámonos algunas preguntas al caso. Si soy vegetariano, y creo que es mejor no comer animales, no por eso me convierto en carnófobo. Si defiendo la fidelidad en el matrimonio, y por lo tanto no me parece bien el adulterio, ni la promiscuidad sexual ¿soy heterófobo? Si opto por votar en estas elecciones a Unidos Podemos porque sus ideas y planteamientos me parecen coherentes, ¿tengo que “odiar” las otras opciones y convertirme en un sociófobo, en un pepéfobo o en un ciudadanófobo. Este problema se produce a veces frente al pensamiento moral cristiano. Si uno entiende como cristiano que la Biblia contempla el matrimonio como sólo entre un hombre y una mujer, y no entre dos personas del mismo sexo, ¿por eso es homófobo? Da la impresión que se castiga al que no es homófilo. ¿No será que estamos cayendo en el pensamiento correcto único y la disidencia se persigue como intransigencia y con intransigencia? ¿No será que estamos confundiendo relativismo con fundamentalismo? Lo más complejo se presenta, precisamente, cuando se trata de creencias religiosas, y los criterios de fe se confrontan con actitudes éticas que pueden entrar en conflicto con esas “verdades de fe”. Así que en ese sentido, defender una verdad de fe fundada en creencias religiosas nunca ha de convertirse en un rechazo o menosprecio a las personas. Precisamente desde el criterio del amor, el creyente debería estar obligado a amar al que disiente y a no juzgarlo, aunque no tenga por qué compartir los principios por los que el otro guía su vida. En todo este asunto es necesario un gran respeto a la persona y un gran sentido crítico respecto de los principios, no mezclando lo personal con lo doctrinal.

Un bosque animado y peligroso

El bosque, en apreciación de Manuel Vicent en una columna de El País, es en los cuentos la metáfora de todos los peligros que acechan generalmente a los niños, protagonistas de tantos cuentos clásicos, desde Hansel y Gretel hasta Caperucita roja y el lobo. Pero arrastrando la metáfora de los cuentos infantiles a la realidad actual Vicent va aún más lejos: Ahora los verdaderos peligros no son los ogros, brujas, leñadores, lobos, osos u otros animales como dragones o bestias salvajes con forma humana que habitan en oscuros bosques de la fantasía. Una amenaza mayor se cierne sobre la infancia y sobre los adolescentes, sobre todo porque el bosque -dice-, es ahora la red, posiblemente una red en la que podemos ser cazados, como un insecto cae en la tejida por la araña. Internet puede ser en su inmensa variedad y riqueza un verdadero mar bravío en que olas, tempestades y galernas pueden hacer naufragar a quien navegue en sus procelosas aguas. Incluso las redes sociales cuya finalidad debería ser abrirnos espacios para el encuentro, son a veces una ventana que se abre a las intimidades de otra gente que de alguna manera se desnuda ante los demás y pone de manifiesto sus intereses, sus debilidades, sus gustos, sus sueños, pintando así para la galería, el retrato de quién es quién, completando inadvertidamente su propio currículun vitae Otras veces los insultos y el acoso son armas que se utilizan desde la redes para hundir al otro como en un tétrico juego de los barquitos. Por otra parte la Web ofrece tantos espacios abiertos al disparate, a la maldad a la pornografía, a la deformación de la historia, tantas veces cargadas de incertidumbre e inseguridad, de falsedades interesadas… que en ese bosque podemos acceder a los más bellos paisajes como a las más horrendas caricaturas de la realidad y a las más nefastas de las influencias. Quizás los bosques de los cuentos presentaban algunos peligros, pero estaban alejados, había que caminar hacia ellos y adentrarse en su tenebrosa oscuridad. Pero ese bosque metafórico de la red hoy lo llevamos en el bolsillo y puede constituir el mayor de los peligros la adicción a poner nuestros ojos en la pantalla y teclear eligiendo con nuestros dedos el camino que puede llevarnos a dañarnos o destrozar nuestra personalidad. La prudencia y el sentido común tan necesarios, no siempre están tan presente como sería de desear.

viernes, 26 de agosto de 2016

¿Aplicar la misericordia o el Derecho canónico?

Hay varios pasajes de los evangelios en que es claro que Jesús acaba escandalizando a aquellos que representaban la ortodoxia y la fidelidad literal a las normas establecidas en la ley judaica. Es notorio lo que ocurrió en casa del Simón, es notorio lo que pasó con la adúltera a punto de ser apedreada, es notorio el enfado que producía la actitud de Jesús de poner al “hombre” por delante del sábado. Es notorio que cuando Jesús hablaba de colar el mosquito y tragarse el camello, que cuando curaba en sábado o cuando sus discípulos cogieron unas espigas para trillarlas con sus propias manos y poderse llevar algo a la boca, pues estaban hambrientos… siempre arrancaba la indignación de los “guardianes de la ley”. En fin todo eso levantó a los fidelísimos y ortodoxos fariseos para poner el grito en el cielo y escandalizarse, porque para Jesús no había más ley que la del amor y el amor va más allá de toda ley. Mientras no seamos conscientes de la penosa evolución que sufrió el cristianismo desde el punto y hora en que se convirtió en la religión “oficial” del Imperio Romano, y de la evolución mantenida a través de largos siglos de ser “colonizado y manejado” por el poder de los imperios, hasta convertirse ella misma, la Iglesia, en una institución rodeada de poder, de lujo, de grandiosidad y de una parafernalia propia del sacro romano imperio romano germánico o del imperio Carolingio hasta lograr el máximo poder sobre reyes y emperadores del mundo, impartidora de dignidades y territorios, dotada de un gran ejército, volcada en atender los intereses de determinados reyes;… mientras no nos demos cuenta que la evolución del papado, de ser un servicio a los cristianos se convirtió en una monarquía absoluta, autoritaria e intransigente muy lejos del espíritu de aquel al que dice seguir y que fue eso en gran parte lo que provocó, primero la separación de las iglesias orientales hoy llamadas ortodoxas, y lo que impulsó luego la iniciativa, a mi parecer sincera, de la reforma luterana, frente a un primado ejercido con un espíritu antitético al de Jesús de Nazaret, que hubiera llegado látigo en mano a arrojar de nuevo a los mercaderes de un templo construido con el poder del dinero y el sufrimiento de los pobres, con aquella magnificencia que hizo exclamar a Jesús “no quedará de ti, piedra sobre piedra”, refiriéndose al templo, templo que nunca estuvo dentro del proyecto de Jesús. El templo de Dios es el corazón de los humanos, y como “comunidad” formamos un templo en el que Dios viene a habitar en él. Dios no necesita un templo construido por la mano del hombre. Pero, es verdad, han ido pasando tanas cosas, nos hemos acostumbrado a tantas formas, ceremonias, pensamientos, modos de ver nuestra fe y nuestro cristianismo, que ahora, volver a ponernos en la mirada de aquel Jesús, marginal y vagabundo, aquel Jesús mal vestido y acompañado de unos pobres pescadores, seguido de enfermos, leprosos, mujeres, y chiquillos, recorriendo caminos de Galilea, enfrentándose a letrados, escribas, fariseos, sacerdote y senadores con su manera de comportarse tan “libertina” y “arbitraria”, nos parece tarea imposible. Escuchar aquello de “misericordia quiero y no sacrificios” suena de una manera muy distinta en sus labios que en la prédica de los sacerdotes. Decir: anda vete, yo tampoco te condeno, parece imposible hoy en que “la doctrina y los cánones del derecho” son más importantes que el acercamiento misericordioso a las personas. Creo que el tiempo nos ha hecho engolarnos con la verdad, ensoberbecernos con la doctrina, endiosarnos arropándonos en la “palabra de Dios”. Nos hemos convertido en intérpretes absolutos y seguros del saber lo que Dios quiere en un arrebato de soberbia y engreimiento, interpretando lo que nos interesa y a nuestro favor de las palabras más claras de Jesús: “no será así entre vosotros, el que quiera ser el primero que sea el último de todos”. No os hagáis llamar padres ni maestros, ni excelencias, ni os deis títulos, porque uno sólo es vuestro maestro.

domingo, 21 de agosto de 2016

Autenticidad versus fanatismo. Los fanáticos no son locos sino creyentes hasta la médula. Así lo entiende el antropólogo Manuel Mandiane. Este hecho es el que hace temible el fenómeno del terrorismo islámico, pero también toda otra forma de fanatismo de cariz religioso. Creer al pie de la letra e interpretar literalmente las escrituras que hemos dado en llamar “sagradas” y llevar la fe a ultranza más allá de la razón, puede conducir a los “creyentes” a la más absurda de las irracionalidades, despreciando la vida de los demás y creyendo que se puede “matar en nombre de Dios” Que la desacralización haya llevado a caer en el terrible error de desoír aquella advertencia del Evangelio: “no podéis servir a Dios y al Dinero”, y que éste se haya convertido en el falso dios al que se vuelven todos los no creen ya en otra cosa que en el poder de la riqueza, o en poner al dinero como el becerro de oro al. que adorar, es un hecho que (aun con toda su gravedad) no puede justificar la acción terrorista indiscriminada como un ataque a lo que representa la cultura occidental secularizada, profana y laica. No puedo entender tampoco el fanatismo israelí respecto del territorio palestino más que como una fe intransigente e inamovible en que el territorio de Palestina fue la heredad que Yahvé entregó a su pueblo y que el Israel actual (al menos la facción ultraortodoxa) no deja de contemplar como irrenunciable la idea de quedarse con todo el territorio sin aceptar bajo ningún concepto la doble nación Israel y Palestina. Este es el fanatismo judío. No son locos, -como dice Mandiane- son creyentes absolutos que interpretan a pie juntillas lo que está escrito en el libro, por absurdo e ilógico que hoy pueda parecernos. En el posmodernismo se dice que Dios ha muerto, no porque haya sido destruido, sino porque todo lo que se oponga a un humanismo razonable y racional, por religioso o revelado que nos parezca no entra fácilmente en los cálculos de la gente de hoy. ¿Es compatible creer con pertenecer a una cultura científico-técnica, como la de hoy? Muchas personas inteligentes, en diversos momentos de la historia, han creído. Esto lleva a pensar que creer no es necesariamente una actitud fanática, irracional, sino que es compatible con una actitud racional, que enjuicie y valore las verdades que se creen, porque es la razón únicamente la que nos puede conducir a la fe, como una decisión libre que entiende razonables la creencia, y siempre como un “obsequio razonable” del que habla el apóstol Pablo. Pero si creer o la fe son actos libres y orientados por la razón es un verdadero disparate querer imponer la ley musulmana, (o la Sharia como una concreta interpretación más restrictiva). Como lo era también la imposición de la fe cristiana en aquellos tiempos en que la espada iba abriéndole camino a una fe mal entendida, pero que no se corrigió ni siquiera a instancias de aquellos que denunciaron determinados disparates, como Francisco Suárez, Francisco de Vitoria, o Bartolomé de las Casas Por todo esto lo que verdaderamente importa de las diversas formas de creer o de las distintas fe que puedan tener los seres humanos, inspirados en diversas fuentes y dando diversos nombres al Único, Creador y origen de todo, es ser auténticos y entender tanto la Yihad como el concepto de misión como el compromiso de “ofrecer” a todo ser humano un camino cuyas características fundamentales –aunque dirigidas a lo más trascendente- deben ser el humanismo y el respeto a los derechos humanos; y solamente dentro de este marco habrá que plantear el principio de tolerancia o intolerancia. Que cada creyente sea consecuente con su fe y que trabaje por humanizar el mundo. No otro mensaje es el que –al menos los cristianos- tenemos de nuestro Maestro: Dios inserto en el proyecto humano para la plena Humanización. En otro tiempo con la intransigencia y la intolerancia también la Iglesia católica, persiguió, condenó, pasó a cuchillo y quemó en la hoguera; llevó a cabo cruzadas contra el infiel y confundió sin duda el estilo humilde y misericordioso de su maestro Jesús hasta “perder los papeles”. No lo olvidemos para entender lo que sucede; pero lo que ha de condenarse ha de condenarse sin paliativos porque ni se justifica en los libros sagrados ni tiene sentido desde un humanismo elemental del que hemos de partir siempre creyentes y no creyentes.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Viaje de ida

Este mes nos trae irremediablemente a la mente la muerte, la inmisericorde poseedora de la guadaña fatal que arrebata nuestro bien más preciado amable y amado. La visita a los cementerios se ha convertido en los primeros días del mes, “por los Santos”, en un obligado camino de ida y vuelta para quienes se acercan a colocar unas flores junto a la lápida de aquellos que se nos fueron en este viaje de ida sin billete de vuelta. Un cierto nihilismo está detrás de todos los miedos a la muerte. Mientras vivimos tratamos de olvidar que día a día, avanzamos, como ya dijo, según creo, Simone Well, hacia un lugar adonde no queremos ir. Simone Well era mística, pero ni siquiera la mística te roba del todo ese temor que el misterio de la muerte esconde en el instante siguiente a tomar el tren que te lleva, no sabemos cómo, si a un viaje astral, si a un viaje sideral hasta fundirnos con el infinito, o si nos integramos –con la fe- en el sustrato mismo de la divinidad, como en una fusión total con el fuego último que hace aflorar toda forma de vida. El hecho es que –no sé si para olvidarnos o para tenerla más presente- en estos días hemos llenado de luz, de flores, de color, la tristeza del luto que tan a menudo nos visita. No sé si los excesos de flores, de luces, de decoración, van formando parte de los ritos y hábitos que impone la sociedad de consumo, porque no queremos “ser menos” que nadie o que parezca de nuestros seres queridos no son bien recordados. El hecho es que sorprende tanta exuberancia
. En fin todos tenemos comprado el billete, como cuando vas a volar en avión, pero solamente lo validan el día en que realmente te embarcas. Esta incertidumbre debería quizás impulsarnos a considerar con menos énfasis las cosas del presente y valorar cómo vivimos y cómo nos comportamos. El evangelio de Mateo, capítulo 25, nos muestra una parábola que nos recuerda qué es lo único que podemos llevarnos de valor en esta travesía. Al menos valdrá para los creyentes.